UNA POTROHUMANISTA EN LYON. MI EXPERIENCIA DE MOVILIDAD ESTUDIANTIL EN FRANCIA

Las manifestaciones por los derechos de los ciudadanos están a la orden del día; paredes con grafitis, disturbios en las ciudades, alertas de bomba en el metro, eventos públicos llenos de policías, control de mochilas al entrar a los lugares.

Perla Castillo Díaz

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Elegí estudiar en la universidad Lumière en la ciudad de Lyon porque es la tierra de algunos de mis escritores favoritos como Charles Baudelaire, Jacques Prévert, Eugène Lonesco, Pierre de Marivaux. Además, quería vivir la experiencia de estudiar en una universidad francesa, conocer el estilo de vida de las personas de este país y acudir al teatro francés.

En Lumière hay dos tipos de clase; la primera CM (conférence magistral) se imparte en anfiteatros donde asisten desde cincuenta hasta trescientas personas, no se toma lista y al final la evaluación se realiza con un examen equivalente al cien por ciento de la calificación y la segunda es TD (travaux dirigé) este tipo de clase se asemeja al sistema escolar en México; se toma lista, se entregan trabajos de acuerdo con cada maestro, y finalmente se hace un examen.

Perla en la ciudad de Marsella

Es fundamental investigar con anterioridad los requisitos para obtener la visa y las becas; el dinero que se puede gastar en otro país e informarse sobre las universidades donde piensan hacer su movilidad para ubicar los pros y contras. Una de las ventajas de estudiar en Francia es la beca Crous (Centre régional des œuvres universitaires et scolaires). Su objetivo es favorecer las condiciones de los estudiantes en las universidades francesas; lo corroboré cuando gracias a esta plataforma pude encontrar alojamiento.

En Francia la comida es cara, pero existen alternativas para los estudiantes, por ejemplo, yo comía en la cafetería de la Universidad por un aproximado de tres euros; fuera de allí el platillo tiene un costo de mínimo quince euros. Un baguete de cebolla de tres euros se convirtió en mi fascinación, era lo más delicioso del mundo. En noviembre se vende vino caliente. Esta bebida francesa se prepara con vino, naranja y canela; su sabor me recordó el ponche de México. Por cierto, los domingos no abren los centros comerciales ni los restaurantes, por lo que debes ser precavido y comprar lo que necesites el sábado.

En Annecy, pueblo alpino

El horario de las comidas es una de las costumbres a las que me adapté. Allá se come de once y media a dos; después de ese periodo todos los lugares de comida están cerrados. La hora feliz es de cinco a siete, lo único que venden es cerveza, por supuesto, a precios accesibles, pero si prefieren el vino existe una aplicación (Vivino) que califica la calidad y el precio de acuerdo a las marcas. A partir de las siete de nuevo comienzan a vender comida.

En cuanto a lo académico mis profesores eran agradables, sin embargo, hay algunos que no aceptan alumnos extranjeros en su cátedra, -es mejor prever detalles como el anterior-. Por otro lado, la clase de Literatura francófona me encantó, fue muy interesante conocer otra cultura a través de la lengua francesa. Igualmente, tuve la fortuna de ser alumna de una profesora especialista en Tirso de Molina.

El idioma lo practicaba con mis amigas que eran de distintas nacionalidades. Una de ellas, Camila, que estudiaba filología francesa me ayudó mucho. Cabe señalar que los franceses se toman muy en serio que hables bien su lengua; mis esfuerzos rindieron frutos cuando pude sostener una conversación fluida con un nativo durante una hora sin problemas; además mi lectura mejoró.

Recorriendo las calles de Annecy

Tuve la oportunidad de viajar a lugares de Alemania, Italia, Suiza, Inglaterra. El primer lugar que visité en Francia fue Montpellier; Carcasona con su castillo y su muralla me cautivaron más que la propia París; Nimes con las huellas del paso de los romanos y su Coliseo o anfiteatro, por cierto, bien conservado donde los turistas tienen la libertad de conocerlo sin restricciones. Tres amigas mexicanas me visitaron en Lyon y viajamos juntas a Lausana.

De izquierda a derecha Perla, Mónica, Nidia y Brenda. Todas alumnas de Humanidades

En Lyon cada barrio tiene su propio teatro. Me suscribí a uno que me permitió presenciar distintas obras como La tempestad, teatro de sombras dirigido a niños, ellos y sus papás llenaban el lugar los domingos, y asistir a la proyección de películas en atril, mientras se proyecta la cinta los actores hacen las voces.

Durante mi estancia fui testigo de las marchas generadas por los gilets jaunes (chalecos amarillos), de la noticia del aumento en la cuota de inscripción para los estudiantes extranjeros y algunos problemas de migración. Las manifestaciones por los derechos de los ciudadanos están a la orden del día; paredes con grafitis, disturbios en las ciudades, alertas de bomba en el metro, eventos públicos llenos policías, control de mochilas al entrar a los lugares  son otras experiencias que viví durante mi estancia allá. Estando fuera valoré todo lo que me proporciona mi Universidad y me sentí orgullosa de ella y de mi país.

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