LAS AVENTURAS DE SER DOCENTE: LA DRA. BETI

Creo en la importancia de mantener la imaginación; si la conservan en su vida académica y profesional será un pilar y una ayuda invaluable.

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¿Qué es lo mejor de ser docente en la Facultad de Humanidades?

Es toda una aventura. Puedo salir de clase con una sonrisa de satisfacción, pues hay momentos en los que todo fluye los alumnos responden y se da una interacción. Pero también reconozco cuando una clase no sale bien; entonces, hago anotaciones. Tengo una bitácora en la que registro lo que no funcionó y cuál fue el motivo. Que los alumnos evalúen mi clase me ayuda a mejorar como profesora.

¿Cómo era en su época de estudiante de la licenciatura?

Pertenecía a un grupo cultural. Nos gustaba hacer cosas diferentes como invitar a escritores, algo que no era común, porque en ese momento no había vida cultural dentro de la Facultad. No todo el mundo quería hacer eventos. Nos visitaron personajes como Paco Ignacio Taibo y Elena Poniatowska. Venían a platicar con los estudiantes y a dar conferencias.

Recuerdo que cuando estudiaba en la Universidad trabajaba en una papelería, entonces tenía oportunidad de leer. Por ello, siempre llegaba tarde a clases. Estaba tan concentrada en la lectura que decía: “un párrafo más, un párrafo más”; aun así era una estudiante dedicada: obtuve el diploma de segundo lugar de aprovechamiento de la licenciatura.

La Dra. Beti en su ceremonia de egreso de la licenciatura

¿Cuál es el recuerdo que más atesora de esa época?

La amistad que entablé con mi grupo de amigos marcó mi vida. Tenía un compañero que se llamaba Pablo, él era muy filosófico. También estaba Argelia, que desde esa época trabajaba en el INAH. Ella nos llevó a ver a Miguel León Portilla y a observar cómo se restauraban los edificios eclesiásticos. La compañía de mis amigos me acercaba a otro tipo de ambiente, no sólo al literario.

Pasaba mucho tiempo en la biblioteca que estaba en lo que hoy es la Sala de usos múltiples Blanco Regueira: era pequeña. Agradecía el calor del lugar. Podía leer sin problemas. Era una época en donde no tenía los recursos suficientes así que pensaba: “mejor me voy a leer en la biblioteca” porque para las copias y otras cosas no había. Estar allí era muy reconfortante para mí.

¿Qué le gusta a la Dra. Beti?

Ser docente. Me gusta mucho esa parte de mi vida. Además me gusta nadar, el agua es un elemento que me atrae, por eso gusto de contemplar el mar. En cuanto a  la música me encanta la trova; mi canción favorita es “Quién fuera” de Silvio Rodríguez y, como buena latina, la salsa. Tengo tres películas favoritas cada una por cuestiones diferentes: Juego de gemelasUna noche en el museo y Escritores de la libertad. Agregaría Drácula de Francis Ford Coppola. Si hablamos de comida mi preferida son los chilaquiles verdes muy picantes.

La Dra.Beti con su primer grupo, ya como profesora

Si naufragara por un mes ¿qué llevaría consigo?

Libros, papel y algo para escribir. Al estar ahí, contemplaría el mar acompañada de poemas. Hay una imagen poética de Rimbaud que me gusta muchísimo y dice: “¡La hemos vuelto a hallar! / ¿Qué? – La Eternidad. / Es la mar mezclada / con el sol. /” Entonces vería cada atardecer y amanecer en la playa.

Esto me recuerda que en Chiapas las letras de Villaurrutia estaban conmigo todo el tiempo (llevé cuatro libros de diferentes contemporáneos), pero me ponía a ver el mar y leía a Villaurrutia. Imagínense en un naufragio ¿Cuántas horas estaría frente al mar?

Ahora que menciona los viajes, ¿hay alguno que recuerde particularmente?

Varios. Me acuerdo de un viaje que hice a Chiapas. Iba conduciendo en una zona selvática y todos los niños iban dormidos. Entonces, la sensación del color verde se apoderó de mí. Lo mismo ocurrió cuando viajé a Nayarit me fui, por error, por una carretera que iba en medio de la selva, los monos se colgaban muy cerca y sobresalía el verde, era demasiado selvático.

En un viaje a la playa, una amiga se acercó para preguntarme qué iba a hacer. Cuando le contesté que ver el mar, ella no lo tomó en serio y me invitó a hacer otra actividad, pero mi respuesta fue: “No, estoy viendo el mar”. En realidad quería escribir, y durante varios días que tuve la oportunidad de estar allá, escribí un poemario que se llama Niza y el mar.

En Mónaco visité el Museo Oceanográfico. Cada nivel contenía diferentes especies marinas, desde las que vivían en la superficie hasta las más raras que habitan en lo más profundo del océano. Pero lo que me fascinó fue ver el agua en sus diferentes tonalidades dependiendo de la profundidad. Fue impresionante.

También, viajé a París, porque me gusta mucho Julio Cortázar. Recorrí calles que se mencionan en Rayuela. Sentía que era una Maga. Parecía como si en alguna parte, quizá, me encontraría a Horacio Oliveira.

Si pudiera ser otra persona por un día ¿quién sería?

Virginia Woolf, porque rompió con ideas de su época y era amante del mar, incluso tiene una novela titulada Las olas.

¿Qué personaje histórico o literario le gustaría ser?

Hay muchas mujeres en la literatura que me encantaría ser, sin embargo, no sería ninguna completamente, ya que solo me gusta una parte. Por ejemplo, me gusta el personaje de Dido, no obstante, yo no me suicidaría. También me viene a la mente Miguel Hernández y me hubiera complacido ser él como poeta, además en lo personal pasa malos momentos, lo cual lo hace destacar frente a mis ojos.

¿Qué quería ser de pequeña?

Siempre quise ser profesora. De niña tenía mis lápices y mi pintarroncito; les daba clases a mis amiguitas. En la preparatoria, tuve la intención de ser médico forense, pero no era mi vocación.

La Dra. Beti con su pequeño grupo

¿Qué diría que la caracteriza o es muy propio de usted?

El optimismo y la perseverancia. El día me lo hago yo; es decir, a veces la jornada es muy complicada tanto en el trabajo como con la familia y los compromisos. De una u otra manera trato de ser optimista para que el día no se transforme en una pesadilla, sino en algo positivo.

Además, soy obstinada, testaruda. Si quiero algo insisto, lo intento varias veces, hasta que lo consigo.

Si su vida fuera una película ¿cómo se titularía?

No soy buena para los títulos, sin embargo, se relacionaría con elementos representativos para mí como el color verde, el agua y algunos poemas. Tal vez sería Verde que te quiero verde.

En el patio de la Facultad

Si pudiera tener una conversación con su escritor favorito, ¿quién sería?, y ¿qué atmósfera sería la ideal para su charla?

Sería con Julio Cortázar, en alguna terraza de un cafés del Barrio latino en París. Estar al aire libre ayudaría porque a Cortázar le encantaba fumar y yo soy alérgica al humo del tabaco. Ese sería el ambiente propicio.

¿Qué consejo les daría a sus alumnos?

Que no asesinen su imaginación porque constantemente se enfrentan a situaciones sociales y académicas que provocan un cambio en su forma de ver el mundo. Por ejemplo, un estudiante de Letras, sin generalizar, con el paso del tiempo y su contexto ve disminuida su imaginación. Esto influye en la manera de percibir la literatura pues solo buscan analizarla porque lo tienen que hacer y se pierde el placer de simplemente leerla. Los estudiantes no viven la literatura. Todo lo que tenían que haber imaginado, sentido y creado a través de la lectura, se queda en un diez porciento y solo buscan el símbolo. Creo en la importancia de mantener la imaginación; si la conservan en su vida académica y profesional será un pilar y una ayuda invaluable.

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