Campo laboral para el estudiante de Lengua y Literatura Hispánicas

Por: Alex Haro

En mi última entrada, donde hablé de ciertos mitos y realidades al estudiar Literatura, dejé en el aire una pregunta vital: ¿te mueres de hambre por elegir esa carrera? Si bien me mantengo firme en mi respuesta, que depende mucho de la persona y no de la profesión como tal, entiendo que, quizá, no aclaré como es debido las distintas posibilidades profesionales a las que tenemos acceso. Por eso, a continuación les presento las principales áreas de oportunidad laboral que tenemos los literatos, con una breve explicación de en qué consiste el trabajo.

1. Docencia

La gran mayoría de nosotros, y no digo todos solo para no “ofender” a la gente que me pueda salir con el clásico: “yo no, yo soy especial”, terminamos, en algún punto de nuestro andar profesional, como profesores dentro de un salón de clases impartiendo las materias relacionadas al español y literatura. Vaya, y que quede claro desde ya, no lo digo como algo malo. Todo lo contrario, en lo que respecta a un servidor, pocas actividades son tan gratificantes como la labor docente.

Durante años, sino es que décadas, nos hemos quejado que las artes no son valoradas en México, o Latinoamérica en general. Bueno, pues esta es, precisamente, la oportunidad de oro que tenemos para modificar el curso de la historia al respecto. A partir de la docencia, se nos presenta, casi en bandeja, la ocasión idónea para contagiar a otros de la misma pasión y amor que nosotros sentimos hacia las letras. Antes de pasar con el siguiente punto, permítanme dar un pequeño consejo a todos los que terminen siendo profesores: no subestimen el poder de sorpresa de los jóvenes, trátenlos como les hubiera gustado que un maestro los tratara cuando ustedes estaban en secundaria o preparatoria.

Aclaración: digo jóvenes y secundaria o preparatoria, y no niños ni kinder porque, aunque a muchos de mis compañeros no les fascina la idea, nos capacitan para enseñar en esos niveles. Citando el meme de un famoso youtuber español: “las cosas como son”.

2. Corrección de estilo

La opción más común para los que, de plano, no quieran saber ni pío de la docencia. Corregir un texto es una labor ardua y, en muchas ocasiones, en extremo demandante. Ahora, no digo esto para desanimarlos, en lo absoluto. Lo comento, justamente, para dar el crédito que se merecen todos y cada uno de los correctores, y para hacer entender, de paso, a sus clientes las tarifas que demandan por su servicio. Que, créanme, están más que justificadas.

Un corrector de estilo, en resumen, se asegura de que un texto sea comprensible y esté bien formulado, desde la “simplicidad” de corregir errores ortográficos hasta, en muchas ocasiones, reescribir párrafos u hojas completas en un escrito. Se los juro, no tienen idea la cantidad de gente de otras licenciaturas que he conocido que, en su tesis, necesitan de manera urgente un corrector de estilo, sino es que dos.

El corrector se asegura de que un texto esté en tiempo y forma, bien pulido y en perfecto estado. Es un elemento indispensable para cualquier publicación, sin importar si es impresa o digital. Ahora, me tomaré la libertad de nombrar dos correctoras que, a mi parecer, son excelentes: la profesora Carmen, de la Facultad de Humanidades, y mi querida Waleska Barroeta.

3. Difusión cultural

Una parte muy importante y, a la vez, tan poco valorada en la producción, organización y realización de eventos culturales y artísticos es la labor del difusor cultural. Como su nombre lo indica, este sujeto es responsable, en gran medida, de hasta dónde puede llegar el arte a un grupo de gente que, de otra manera, seguramente, no tendrían acceso a esta.

Como cualquier artista con más de dos meses de experiencia podrá confirmar, nadie puede organizar un evento solo. El trabajo del difusor cultural puede ir desde contactar artistas, reservar el lugar, solicitar los permisos correspondientes, preparar un programa, realizar la convocatoria y mucho más. Para mejor referencia, me sirvo de nombrar otro maravilloso ejemplo de un profesional en la materia, aunque no sea propiamente un literato, el encargado de Difusión Cultural de la Facultad de Humanidades, Hugo Alberto Leyva.

De nuevo, me veo en la necesidad de suspender el listado en este punto, para no aburrirlos, bajo la promesa de continuar en la siguiente entrada.

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