Poemas

Ana Lorena Martínez Peña nos comparte parte de su obra. Te invitamos a leer y sumergirte en este Mar de letras

***

Recuerdo de una mente llena de olvidos

Conforme pasan los días, veo tu sombra en el viento. Me sonríe y el vaho roza levemente mi mejilla.
Le invito a pasar pero el té se ha enfriado junto con la magdalena en la mesa.
Tu lugar continúa intacto, nadie se atreve a llenarlo. Jamás podrían.
La música se escucha triste y en mi pecho sólo bailan tus canciones.
Vuelve a casa.
Imaginar los domingos sin tu mano; la idea me aterroriza, se ha convertido en la fobia que nunca imaginé incubar.
Sin embargo, el posible olvido resulta inútil; tus besos los traigo a flor de piel.

No vueles aún, golondrina, no te conviertas en el recuerdo que se esfuma en un soplido del viento. Detestaría ser quien te busque entre la gente y no te encuentre.

No es que sea cobarde; mi alma se esfumaría en cenizas y tu despedida dolería como el funeral de un cuerpo que no está presente, pero el corazón permanece encendido.

Despedida sin fecha de caducidad

Ella se fue.
Cómo si nada.
Cómo si todo.
Cómo si no yo no fuese suyo.
Toqué mi guitarra hasta que el amanecer se asomaba.
¡Ay cómo le grité a los dioses que volviera!

Lloré hasta secarme, hasta perderme, y nadie lo sabía, la batalla de su ausencia la libraba solo, con un puñal de letras sin sentido y lágrimas que me limpiaron el alma completa.

Bailé hasta que el bolero volviese a tener sentido sin ella, pero no fue así, cogió sus maletas y no se daba cuenta que, entre su ropa, llevaba empacada toda mi esperanza.

La miré con ojos de misericordia, pero ya era muy tarde, apenas mi corazón latía, y yo me sentía morir.

¿Qué iba a hacer yo sin su primavera que curaba mi otoño?

Los recuerdos, maldita sea, los recuerdos aparecían en repetición uno tras otro como queriéndose burlar de mí, me golpeaban a la vez y yo, que ya estaba tendido en el suelo, no hice nada más que quedarme quieto, porque antes de que ella cruzara aquel umbral que decoraba nuestra sala, ya no estaba.

Estaba su cuerpo, sí, pero ya no estaba ella, ni su sonrisa que iluminaba todo a su paso con un descaro que te arrebataba el corazón.

¿En dónde iba a guardar yo tanto?
Me dejaste con el espíritu roto, sin poesía con dedicatoria.
Dime tú, ave de cielo ajeno, ¿Qué haré con tanto sin ti?

Una flor para un poema

Una rosa
Escribí un poema para ti.
Se lee de arriba para abajo y de abajo para arriba.
Tus ojos son los protagonistas.
Tu risa, el motivo.
Soy el espectador, y tú creas música hasta cuando hablas.
Me miras, y te juro, que me desarmas la vida.
El amor me ha atrapado, ¿será que llevaba mucho tiempo corriendo?
Eres un poema que respira, yo, pido ser tu poeta.
Eres un poquito triste, estás levemente rota, pero no te preocupes, que vamos despacio y con cuidadito.
¿Por qué guardas tus risas en cajitas?
Déjalas salir, que las paredes se enamoren de ella, que los pajarillos la imiten.
No lo sabes, pero tú, remiendas corazones con tan sólo sonreír.
Calmas tormentas, el amor está lleno de ti.
He visto cómo te ha mordido el miedo y te has reído.
Le has dicho que contigo no puede.
Iluso que es.
Aún no sabe que tus mejores trucos, no los guardas bajo la manga.
Te he traído una flor para un poema, o era ¿una flor para otra flor?
No importa, tiene sentido para mí.
La poesía toma forma en ti.
Escribí un poema para ti, ojalá te haga sentir, como tú me haces latir.
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