Una vida entre la historia y el arte: entrevistando al Mtro. José Manuel Yhmoff

Nunca hay que dejarse vencer porque en el momento en que lo haces pierdes tu objetivo, tu rumbo en la vida.

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¿Cómo era en su época de estudiante en la licenciatura?

Yo me definiría como un estudiante promedio. No me consideraba ni el más brillante ni tampoco el más rezagado. Claro que procuraba cumplir con todas mis actividades y estar presente en las clases. No voy a negar que algunas veces dejaba para después algunos trabajos, pero no era de los fiesteros, ni de los que lideraban algún tipo de movimiento. Siempre sentí que estaba como en un segundo plano, es decir no me consideraba de los que están en primera línea en ese sentido.

¿Consideró en algún momento que daría clases en la licenciatura?

No necesariamente. Siempre llamó mi atención la rama de la docencia, aunque no pensé que terminaría trabajando en la Facultad. Mi ingreso fue, en cierta medida, fortuito. Acababa de presentar mi examen recepcional de la licenciatura cuando la Mtra. María Eugenia Rodríguez, que fue mi asesora de tesis, me comentó que si tenía algún inconveniente en dar Historia del arte al grupo vespertino de aquel entonces. Yo en automático acepté impartir la clase. Lo que no me imaginaba fue la rapidez con la que ingresé ni que fuera a durar tanto tiempo dentro de la licenciatura.

¿Cuál es el recuerdo que más atesora de su época universitaria?

Lo que más recuerdo de esos años fue un viaje que hicimos a Puebla y de hecho fue la primera vez que visité el Estado de Puebla y Tlaxcala. Realmente me impresionó mucho todo el legado artístico y cultural de la región. Además, me gustó porque no fue en estricto una salida oficial. El plan surgió cuando con unos compañeros le pedimos a una maestra si nos podía llevar de visita a este lugar. Por otro lado, coincidió que justo para esas fechas ocurrieron algunos eventos importantes como la invasión norteamericana a Panamá o todos los cambios que sucedían en la Europa comunista en esos años. Recuerdo que veíamos las noticias con el grupo y fueron todos esos elementos los que grabaron profundamente esta experiencia en mi memoria.

¿Qué docentes considera usted que lo marcaron en su vida académica?

El Dr. Jaime Collazo sin duda fue una persona muy importante, ya que de él aprendí muchísimo. No solamente la disciplina con la que se debe llevar una clase: el registro diario de actividades, de reportes, de participaciones o también cómo estructurar los exámenes y ese tipo de cosas. Su forma de impartir clases fue algo que me llamó mucho la atención. Tengo la fortuna de que me considere como parte de su círculo de amistades. También está la Mtra. María Eugenia Rodríguez que ya mencioné anteriormente. Ella fue fundamental tanto en el terreno personal como en lo académico por su rigurosidad, por su forma de hacer las cosas, pero de igual manera por la química que hubo desde el momento en que le pedí que asesorara mi de tesis de licenciatura. Desde entonces hemos trabajado y colaborado mucho juntos. Aunque no me haya dedicado mucho al terreno de lo novohispano o al archivismo, también destaco a la Mtra. María Elena Bribiesca. Ella es una persona a la que respeto mucho y admiro, hasta la fecha mantiene una energía impresionante para dar clases. Mi top three sería ellos.

El Mtro. Yhmoff en su época de estudiante

¿Qué materias imparte dentro de la licenciatura de Historia?

En el actual plan de estudios doy Historia social del arte en el mundo, Historia social del arte en México y Servicios históricos y culturales.

¿Cómo ha sido su experiencia como docente en la Facultad de Humanidades?

He tenido mis altibajos. Ha habido momentos de mucho estrés, pero en general me considero agradecido y satisfecho por lo que me ha pasado, por la interacción con mis alumnos, por las actividades en las que he participado. Entonces considero que a pesar de algunos obstáculos que han sucedido esta experiencia como profesor me ha dejado satisfecho.

¿Cuáles son sus líneas de investigación?

Me enfoco a lo que es la Historia del arte, principalmente en lo que respecta al arte contemporáneo o al arte del siglo XX. El cine también es otra línea de investigación que me ha interesado mucho. De hecho, en mi tesis de maestría trabajé algo relacionado a este campo y desde entonces he intentado estar actualizado en la información sobre este tipo de temas y de conseguir bibliografía especializada para profundizarlos.

¿Por qué le apasiona la Historia del Arte?

Es interesante porque muchas veces se considera que la fuente principal de información sobre el pasado es lo escrito, es decir los documentos, los archivos, los libros, etc. Yo creo que también a partir de las obras de arte somos capaces de ver y aprender muchas cosas. Se trata de un trabajo de indagación y de descubrimiento acerca de cómo fueron las sociedades: su organización, sus creencias o la economía que manejaban. Todo esto es constatable y se ve reflejado en piezas artísticas como capillas, pinturas y monumentos. Estas obras dejan un gran legado y para poder leer de una obra de arte adecuadamente se requiere de una metodología muy particular que el libro no te la da. Es decir, intentar explicar con palabras una obra a veces puede resultar más complicado de lo que muchos pueden piensan. Lo que me parece verdaderamente enriquecedor de este trabajo es la experiencia, el camino de análisis, de aprendizaje y de excavación que te conduce a ya no ver a las obras de la misma manera. Esas son las razones por las que me apasiona tanto esta rama de estudio e investigación.

¿Considera al cine de la misma manera?

Bueno, honestamente el cine para mí es un caso un poco diferente. Se trata de una pasión que se remonta hasta mi infancia. Mi papá cada que podía nos llevaba a ver las clásicas películas infantiles y también aquellas que estaban de moda en la época. Sin embargo, recuerdo que en casa mi papá tenía algunos libros de cine y en particular había un pequeño libro que se llamaba Pequeño diccionario del cine el cual siempre llamó mi atención. Yo lo abría, lo leía y me perdía viendo las fotos que ahí aparecían. Era un libro de finales de los sesentas, inicios de los setentas aproximadamente. Aunque no entendía muchas cosas que aparecían en ese libro como los nombres de directores o los movimientos artísticos, fueron las fotos las que, más que nada, me cautivaron. Me prometí a mí mismo algún día ver todas esas películas, todos esos grandes clásicos del cine. Admito que en mi adolescencia en los ochentas vi las películas que estaban de moda, pero con el paso del tiempo me fui vinculando más con otro tipo de propuestas, de temáticas diversas que no son necesariamente las comerciales. Realmente mi interés y mi pasión por el cine fue algo que surgió desde la infancia.

¿Le parece complejo combinar el Cine y la Historia para un trabajo de investigación?

Es como todos los trabajos. La complejidad está en que se sepa cómo abordar y cómo analizar el tema. Porque a veces hay quienes intentan analizar una obra o en este caso una película, pero no saben cómo hacerlo. Creo que hay que tener muy claro qué es lo que quieres investigar o analizar en dicho filme, en el director o en los personajes para que desde ese punto se vaya construyendo un discurso analítico. No siempre sucede ni es algo fácil. Uno como investigador puede y se va a encontrar con muchas dificultades: no hay la información que necesitas, no está completa o está muy lejos en otra ciudad. Sin embargo, creo que el camino siempre empieza con saber claramente qué vas a investigar para desde ese punto comenzar a construir tu discurso sólidamente.

¿Con qué personaje histórico le gustaría tener una conversación y por qué?

Uno de mis pintores favoritos es Caravaggio porque tuvo una vida interesante, turbulenta y turbia. A mí me gustaría hablar con él sobre su visión del arte, su perspectiva de la vida y conocer un poco más las experiencias que lo llevaron a involucrarse en el terreno del arte. Eso en cuanto a la pintura. Para el cine elegiría Martin Scorsese, uno de los directores que más disfruto. Si tuviera chance de entrevistarlo algún día, cosa que está complicada, entablaría con él una larga conversación sobre su pasión por el cine o sobre su visión acerca de su arte.

¿Aparte del cine que más le gusta el Mtro. Yhmoff?

Me gusta leer y escuchar música. Soy ochentero de corazón. Disfruto mucho del chocolate y me gustan los perros. El café es otra de mis aficiones. Indudablemente está en la lista ver una buena película. Además, está contemplar a la luna en todas sus etapas, sobre todo se me hace mágica la luna llena. El atardecer es muy relajante, se trata de una experiencia que podemos vivir día a día y que siempre va a ser personal, especial. Amo visitar museos, aunque por esta cuestión de la pandemia ahora es imposible.

¿Preferiría ser un superhéroe o un villano y por qué?

Un villano porque generalmente se los ha estereotipado como el que actúa por maldad porque sí. Yo considero muchas veces que los villanos tienen un gran trasfondo, hay todo un relato que los motivan a realizar ciertas acciones, ya sea por buenas intenciones o por defender una causa. Ellos también muestran su descontento frente ante algo o alguien en particular. Muchos dirán que no tengo pinta de villano, pero hay que recordar que son astutos y se disfrazan. Un villano no siempre aparenta ser lo que es y esconde sus verdaderas intenciones. Siento que son personajes más ricos y explotables que van más allá de la simple idea de que son malos por naturaleza. Además, en la actualidad se han generado varias propuestas temáticas donde se explora justamente la profundidad del trasfondo de los villanos lo cual es interesante.

¿Si su vida fuese una película cómo se titularía?

Nunca me había puesto a pensar en eso. Sería algo como Crónicas de un toluqueño.

¿Cuál es su platillo favorito y por qué?

Mi comida favorita es el mole verde. Me gusta porque debo decir que tanto mi mamá como mi abuela materna, que en paz descanse, tenían muy buena sazón. Y siempre me encantó la forma en la que preparaban este platillo. Se trata de un sabor que no se encuentra en ningún restaurante, es algo especial y único. Cada voy a comer a un lugar de antojitos siempre pido mole verde, aunque no se compara, me evoca esos recuerdos caseros de vida.

Si usted naufragara en una isla desierta y pudiera llevar dos cosas, ¿cuáles serían?

La primera sería desde luego un libro. Tengo varias opciones, aunque elegiría curiosamente uno que no es ni de cine ni de arte, sino es de uno de mis autores favoritos: Haruki Murakami. La obra se titula Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Al estar en una isla donde no hay nada, ni electricidad, descarto cualquier aparto de tecnología. Para mi segundo objeto llevaría un juguete que sea representativo para mí. Tengo un Totoro de peluche y es a quien llevaría para que me haga compañía. Sería mi Wilson.

¿Qué consejo le daría a sus alumnos y alumnas?

Les aconsejaría que siempre sean originales, que nunca pierdan su personalidad. Les diría que no se rindan a pesar de las dificultades que puedan presentarse en la escuela o vida personal y laboral. Nunca hay que dejarse vencer porque en el momento en que lo haces pierdes tu objetivo, tu rumbo en la vida.

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