¿Cómo curar la resaca literaria?

Por: Alex Haro

Admitámoslo: todos, hasta la persona más lectora de nosotros, llegamos a sufrir de resaca literaria. Antes de que se me echen encima con argumentos como: “yo no”, o “Borges decía que lo verdaderamente malo era ya no poder leer”, déjenme citar a un famoso comediante mexicano: “está bien, unicornio especial, tú no”. Pero, cuando digo que todos lo hemos sufrido, me refiero a que la gran mayoría de lectores, llegados a cierto punto, necesitamos un descanso de la lectura. Ya sea por una sobrecarga de trabajo o por un libro que nos golpeó demasiado duro, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu ruegan por un receso.

La resaca literaria se puede manifestar de distintas formas. Están, por un lado, las personas que deciden descansar por completo de la lectura, otorgándose cinco o seis días libres para ponerse al corriente con la remodelación de su casa o una serie de Netflix que dejaron pendiente. También se presenta en personas que tratan de comenzar una lectura pero, por distintas razones, no lo consiguen. Esta gente, acostumbrada a devorar libros como si de pan de muerto se tratara (hermosa referencia), se encuentra, de pronto, con que no logra concentrarse durante más de dos páginas, o que ya intentó leer varios libros pero ninguno de ellos logra captar su atención.

Como lectores, la resaca literaria puede ser desconcertante e, incluso, muchas veces, inquietante. Podemos preguntarnos qué sucede con nosotros mismos, “¿será que me estoy enfermando?”, o si quizá es la literatura la que ya no tiene nada qué ofrecerme, ¡sacrilegio! Límpiate esa boca blasfema con agua y jabón.

Sin embargo, esta enfermedad no es tan mala como parece. Y, por supuesto, tampoco es tan grave como nuestros impulsos pasionales nos hacen creer. A continuación, te dejo una serie de recomendaciones que, al menos para un servidor, han probado ser bastante efectivas para curar la maldita resaca literaria:

1. Salte de tu zona de confort y experimenta con géneros insospechados:

No es secreto para nadie que los lectores tenemos nuestro tipo de literatura favorita. Que si algunos prefieren la narrativa de terror, que si otros solo leen poesía erótica, que si algunos nomás no dejan a un lado las novelas históricas. ¡Ey!, no me malentiendan, eso está bien. En gustos se rompen géneros.

Sin embargo, la experiencia literaria puede volverse monótona al cabo de un tiempo si nos limitamos a leer solo uno o dos tipos de literatura. Parte de ser lector es permitirse la posibilidad de vivir cientos de vidas, representadas por la multiplicidad de expresiones artísticas que existen en el mundo. Entonces, ¡quita tu barco del muelle en el cual está estacionado desde hace años y emprende otra aventura!

Sí, es posible que te encuentras obras, géneros, autores y corrientes que no te gusten. Es más, es bastante probable que termines odiando alguno (cof… cof… María, de Jorge Isaacs). No obstante, lo vale. Por lo general, son más las obras que terminas encontrando fascinantes que aquellas a las cuales deseas nunca volver. Además, recuerda una de las enseñanzas que nos dejó Borges: “si no te gusta un libro, déjalo, y pasa al siguiente”. Lo importante es que sigas en movimiento.

2. Busca literatura que sea lejana a tu contexto:

Este punto es muy cercano al anterior. Sin embargo, aquí voy un poco más allá y te digo que te vuelves lo más osado posible siempre que puedas elegir una nueva obra para leer. Seamos honestos: por x o por y razón, casi siempre nos limitamos a la literatura de Occidente.

De nuevo, no digo que esté mal. Al contrario, es muy bueno tener un amplio repertorio de obras occidentales, al final de cuentas, somos parte de, nos guste o no. Pero, como dije en el punto anterior, gran parte de lo maravilloso que nos ofrecen las letras son la posibilidad de conocer mundos sorprendentes. Si un autor que comparte contigo mucho de tu contexto logra maravillarte, piensa en Cien años de soledad o en Pedro Páramo, por ejemplo, ¡imagina lo que la literatura de culturas desconocidas te puede enseñar!

Explora, en la medida que te sea posible, obras de Asia, Medio Oriente, África. Y no solo eso, ya que estás en el descubrimiento de nuevas voces literarias, atrévete a explorar las que comparten tu espacio. Busca literatura que, generalmente, ha estado en la periferia. Haz a un lado el canon por un segundo, seguro valdrá la pena.

3. Vuelve a tus raíces:

Sí, esto contradice las recomendaciones anteriores, lo sé, pero también es agradable volver a literaturas que te hicieron feliz. Piénsalo así: estás cansado de buscar nuevas obras y autores, llevas una racha de varios libros que no logran engancharte en la lectura, ¿cómo regresar a tu vida el ansia por devorar libros? Sencillo: regresa tu barco a casa, a ese puerto donde seguro encontrarás algo fascinante.

De esta manera, puedes ahondar en la obra de tu autor favorito, o de tu género de predilección. Una vez que hayas recargado baterías, una vez que tu tanque esté lleno de combustible, zarpa de nuevo hacia océanos desconocidos. Créeme, pocas experiencias son tan hermosas como regresar a un libro que te transformó y comprobar que sigue siendo la causa por la cual te enamoraste de la literatura.

4. Explora otras artes que te lleven de regreso:

Por último, recuerda que siempre tienes a tu disposición otras expresiones artísticas con las cuales enamorarte. Cualquier artista, o cualquier persona que se dedique de una u otra forma a las artes, sabrá que no hay una expresión que sea mejor que otra. Si conoces a alguno que trata de poner una encima de otra, no por gustos personales, sino porque de verdad piensa que la pintura o la literatura son mejores que la escultura o la danza, o viceversa, huye. Esa persona es un peligro.

Sin embargo, los que amamos el arte, en todas sus expresiones, sabemos que pocas experiencias son tan fantásticas y alucinantes como combinar experiencias artísticas. A veces, solo necesitamos un poco de atención para notar el hermoso y constante diálogo que establecen las unas con las otras. Cuando descubras una canción, una pintura o alguna pieza de arte que te remonte a un libro, o que tenga parentesco con cierta obra literaria, te aseguro que querrás correr a buscarlo. Al final de cuentas, las artes, como las personas, se ven mejor cuando están juntas.

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