Lingüística sin dolor ¿Nos determina el español?

Por: Alma Alcántara

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Quizá alguna vez has leído, visto un video o escuchado a alguien decir que la lengua determina la manera en que entendemos la realidad. Esa idea proviene de la propuesta conocida como la Hipótesis de Sapir-Whorf que surgió a mediados del siglo pasado, aproximadamente alrededor de 1954. Hoy revisaremos los fundamentos básicos de este planteamiento, así como los argumentos a favor y en contra que han surgido en torno a este debate.

Fueron tres pensadores, Franz Boas, Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf, quienes desarrollaron esta teoría en donde cada uno de ellos propuso un nivel diferente del impacto que posee la lengua en el pensamiento humano. Charles Wright en un artículo recupera la síntesis que realiza Foley sobre cada uno de los planteamientos esenciales de estos autores: Boas decía que la lengua evidencia la manera en que previamente se estructuró el pensamiento; Whorf afirmó que la estructura de nuestra lengua es la que determina nuestras concepciones acerca del mundo; y para Sapir la lengua “canaliza el pensamiento” (Wright, 2007, p. 16).

Whorf defendió su postura planteando dos pruebas que se fueron popularizando: en la primera destacó que los esquimales tuvieran muchas palabras para nombrar a la nieve, mientras que en español sintetizamos ese concepto en una sola; la segunda, en correlación con la anterior, es que resulta notable cómo cada lenguaje y cada cultura tienen variantes no equivalentes para nombrar a los distintos colores.

Con lo anterior podemos explicar que, cuando mencionamos el término  determinismo lingüístico, estamos hablando del probable impacto que tiene la lengua en la manera en que interpretamos, estructuramos y conocemos el mundo. 

Este debate está todavía vigente hasta la actualidad y se ha reflexionado mucho desde diferentes áreas de estudio sobre el tema. A continuación, cabe revisar las refutaciones a las pruebas de Whorf y también conoceremos uno de los experimentos que se han hecho.

Sobre el argumento referente a la palabra nieve en la lengua esquimal, Alberto Escalera (2012) recupera el pensamiento de Steven J. Derose (2005) y de Laura Martin (1986) para explicar cómo llegó a difundirse el que los esquimales tuvieran más de 40 palabras para la nieve. En resumen, no se consideró que se trataban de lenguas aglutinantes por lo que no se tuvo total claridad en las características de la palabra. El Dictionary of the West Greenlandic Eskimo Language señala que solamente existen dos palabras o raíces para nieve en el lenguaje de los esquimales: “qanik” que significa copo de nieve en el aire y “aput” para la nieve en la tierra (Alberto Escalera, 2012, p. 72). Es notable entonces que el argumento acerca de que en la lengua esquimal existen diversas variantes para una misma palabra fue por desconocimiento de que en realidad se trataban de derivaciones de estas raíces.

El tema de los colores resulta un poco más complejo porque, por una parte, Fernanda Perez-Gay (2020) argumenta que la percepción de los colores no depende de la lengua, sino de “mecanismos biológicos en nuestras retinas y cerebro” (p. 48). Es decir, la diferencia en cantidad de palabras para los colores entre lenguas no implica que veamos diferente cantidad de colores. Esto parece confirmar lo que Alberto Escalera (2012) expone sobre este tema: “diferentes lenguas segmentan el espectro cromático de manera diferente” (p. 82).

Para finalizar, se mencionará un experimento recuperado por Escalera (2012) que fue realizado por Caitlin Fausey, cuya relevancia radica en que es capaz de comprobar cómo los hábitos lingüísticos de una lengua pueden predisponer a un sujeto a acercarse a su entorno de determinada manera. Previo a exponer el experimento debemos remarcar que en inglés es común asignar agentes a las acciones incluso cuando fueron accidentales, mientras que los accidentes en español son descritos con oraciones impersonales, por ejemplo: en inglés sería común “she broke it” mientras en español sería “se rompió”. El experimento constó en que hablantes de inglés, español y japones vieran videos de personas tirando y rompiendo cosas —donde no siempre las acción eran intencionadas—. Al concluir se les preguntó sobre lo que recordaban de los videos, se vió que los hablantes del inglés recordaban mejor a los agentes de las acciones en comparación con los de habla española y japonesa. Este trabajo nos deja que la lengua juega un rol fundamental dentro del sistema de pensamiento humano porque “los hablantes entienden los eventos, construyen nociones de causalidad y agentividad y lo que recuerdan como testigos” (Alberto Escalera, 2012, p. 79). 

A manera de conclusión podemos observar que todavía no se puede afirmar o refutar a cabalidad estas ideas del determinismo lingüístico. Ahora bien, si se tiene en cuenta que el pensamiento implica procesos muy complejos y que en la actualidad hemos podido ir comprendiendo de mejor manera gracias a las neurociencias, es posible imaginar entonces que los avances en estas áreas nos permitirán establecer los límites de la influencia del lenguaje en nuestro asimilar del mundo y de la vida.

Referencias

Escalera, Alberto. (2012). Relativismo lingüístico, relativismo ontológico. En Nóesis 21(42), 60-85. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5095002

Pérez-Gay, Fernanda. (2020). Un acercamiento neurocientífico a la relatividad lingüística. En Figūras, 1(3), 48-56. Recuperado de: https://revistafiguras.acatlan.unam.mx/index.php/figuras/issue/view/3/fig%C5%ABrasrevistavol1no3

Wright, Charles. (2007). La hipótesis Sapir-Whorf: una evaluación crítica. En Caleidoscopio, 11(22), 7-26. Recuperado de: https://revistas.uaa.mx/index.php/caleidoscopio/article/view/369

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