Bitácora literaria ¿Podemos juzgar una obra del pasado con ojos actuales?

Por: Alex Haro

Con esta columna corro el riesgo de meterme, yo solito, en camisa de once varas. Lo entiendo. Soy consciente de ese riesgo. Por eso mismo, trataré de cuidar mis palabras para que no se presten a malas interpretaciones. Dicho esto, esta es mi idea: me parece que no es adecuado juzgar una obra del pasado con una mirada moral moderna. ¡Aquí vamos! (Que Diosito me agarre confesado).

Ningún artista o estudioso del arte podrá negar que el contexto influye de manera considerable en las creaciones. Ojo, no creo que sea lo más importante, o que debamos concentrarnos únicamente en eso al momento de analizar o interpretar una obra. ¡No! Eso sería, en palabras de un profesor de la facultad: “usar al texto de pretexto para analizar el contexto”.

Sin embargo, también sería una mentira de proporciones abismales decir que un artista es insensible a lo que sucede a su alrededor. En mayor o menor medida, todos nos vemos afectados por ello. ¿A poco en los cuentos de Rulfo no se puede leer el peso de la Revolución Mexicana en nuestro país? ¿O acaso no podemos notar en Los miserables la transición de ilustración a romanticismo que vivió la sociedad de Víctor Hugo?

El contexto influye en los artistas: a veces para bien, a veces para mal. No obstante, me parece injusto juzgar e, incluso, tratar de censurar por completo la obra de un autor o de toda una corriente solo porque tenía estereotipos o prejuicios negativos. Por ejemplo: cualquier persona que haya leído a H. P. Lovecraft puede darse cuenta, casi de inmediato, que era una persona severamente racista, xenófoba y machista. Personalmente, no puedo negar que me dolió leer un cuento de él donde trata a los mexicanos, prácticamente, como si fuéramos una sub-especie de humanos.

No me malentiendan, la xenofobia, el machismo, el racismo, el clasismo y todo eso estaban mal antes y están mal ahora. Eso es innegable. Pero, ya que estamos siendo honestos: ¿qué tan hipócritas tendríamos que ser para sorprendernos de que un autor del siglo XIX fuera misógino? La sociedad de ese entonces lo era y, si mucho me apuran, la de hoy en día todavía se le parece bastante. ¿Qué esperábamos? ¿Que todos los escritores y escritoras de entonces tuvieran ideas modernas y progresistas? Eso sería lo ideal, pero la realidad casi nunca va apegada a ello.

Volviendo a mi ejemplo. Sí, Lovecraft era racista y todo lo demás. Eso no está a discusión. Pero, ¿eso es motivo para censurar su obra? En mi humilde opinión, no. Para un servidor, la clave está en el acercamiento que tengamos sobre sus textos. Es decir, que el día que desees leer sus maravillosos cuentos tengas en mente que mucho de lo que aparece ahí es algo que no deberías emular en la vida real. Además, si por algún motivo deseas darle a leer a niños un texto de Lovecraft, cosa que yo no recomendaría por obvias razones, hazles entender aquello de su obra qué está mal, qué es erróneo, qué es discriminatorio. Pero no niegues la oportunidad de que la gente aprenda por sí misma.

Si nos pusiéramos a censurar todo aquello del pasado que tenía ideas negativas, nos quedaríamos sin grandes, pero grandes obras que valen muchísimo la pena. Además, seríamos mentirosos. Sería como decir que eso jamás existió y negar la historia es no aprender de ella. Si algo hemos descubierto los latinos, es el riesgo enorme de no valorar la historia.

En resumen, creo que la empresa estadounidense Warner Brothers lo hizo a la perfección. Y con sus palabras me despido. Ellos, antes de transmitir sus célebres caricaturas, que marcaron la infancia de cientos de miles de personas, transmiten este mensaje. Debajo dejo la traducción:

“Las caricaturas que estás a punto de ver son productos de su tiempo. Pueden representar algunos prejuicios raciales y étnicos que eran lugares comunes en la sociedad americana. Estas representaciones estaban mal entonces y están mal hoy. Mientras que lo siguiente no representa la visión de Warner Bros. sobre la sociedad de hoy, estas caricaturas son presentadas como fueron originalmente creadas, porque hacerlo de otra forma sería lo mismo que decir que estos prejuicios jamás existieron”.

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