¿»Letras» es la carrera más difícil?

Por: Alex Haro

De una vez: no. No lo es. Y como ya me comprometí al empezar con una sentencia así, ahí va otra: no existe “la carrera más difícil”. Las únicas personas que van por la vida diciendo que la suya es la más complicada en el mundo son aquellas que no están a gusto ahí y necesitan alguna justificación para hacerse sentir mejor. Es una clara muestra de una persona patética tratar de elevarse la autoestima haciendo menos a los demás.

Pero, como yo no soy ni psicólogo ni coach de vida (menos mal), regreso al tema. Ninguna licenciatura puede ser la más o la menos complicada ya que todas y cada una demandan una serie de habilidades y aptitudes muy diferentes a las otras. De tal forma, un estudiante de artes plásticas necesita capacidades específicas muy distintas a las de uno que esté en medicina o derecho. Las humanidades no son la excepción.

Tengo por regla general no hablar de cosas que desconozco, cuando se es tan parlanchín como su humilde servidor, te das cuenta de que muchos de los problemas en los que te metes son por tu propia ignorancia. Así, en esta ocasión les presento una serie de dificultades que existen en la carrera de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas, o Letras en general, por si acaso alguien desea estudiarla sepa en qué se está metiendo (y no, no es amenaza ja, ja):

1. Tienes que leer muchísimo

Este se veía venir, ¿no? Pues bueno, sí, no me detendré mucho en lo evidente. Un estudiante de Letras tiene que amar la lectura. Y cuando digo amarla me refiero a amarla de a de veras, pero en serio, con mayúscula: AMARLA.

Solo así puede soportar las noches en vela leyendo. Porque, créanme, no importa qué tanto te guste leer, no importa cuántos libros hayas leído antes de entrar a la universidad, va a llegar un punto en la carrera en que vas a querer no hacerlo más.

No me malentiendan, no es que la carrera te quite el gusto por leer. Sin embargo, el cansancio se acumula muy rápido cuando te toca devorar de tres a cuatro libros por semana. Y no, no exagero. Así que, prepárense.

2. Tienes que convertirte en un todólogo

Continúo mi línea de honestidad: en esta carrera, a pesar de que tenemos un buen campo laboral, necesitas saber hacer de todo porque nunca sabes qué oportunidades se te presentarán en la vida. El estudiante de letras tiene que ser profesor, escritor, crítico literario, investigador, reportero, periodista, difusor cultural, corrector de estilo, teórico, etcétera.

Las cosas como son: en México, y me atrevería a decir que en Latinoamérica, las Humanidades no suelen ser muy respetadas. Por lo mismo, la gente sigue pensando que lo nuestro no es un trabajo o una profesión en forma, por lo que las oportunidades a veces son limitadas. A raíz de esto, el estudiante de Letras tiene que estar preparado para hacer todo lo que cubra su perfil de egreso, a eso nos ha forzado la realidad. Como diría la abuela: “el horno no está para andar haciendo bollos”.

3. La gente no respetará lo que haces

Este punto me duele admitirlo. Es bastante feo, en realidad. Pero, como dije, no vengo a mentirles y pintarles un panorama hermoso y maravilloso de un México donde la gente admira y valora las artes. No. No es así. Cuando ingreses a esta carrera, o a cualquier otra relacionada, vas a tener que desarrollar piel para aguantar el qué dirán.

“¿Y eso qué es o qué?… Ah, y sí es un trabajo, ¿o cómo?… ¿A poco puedes comer de ahí?… Que se me hace que nomás lo estás estudiando en lo que te casas”. Lamento informarles que estas y muchas otras frases escucharán hasta el cansancio de familiares y amigos. ¡Ey! No los culpes… o no tanto, al menos. La culpa no es solo de ellos, el sistema está construido históricamente para que el médico o el ingeniero “valgan más” que los artistas y la gente que los estudiamos. Como dije, eso solo lo creen y lo defienden las personas cerradas.

Ahora bien, si tú me dices: “a mí no me importa lo que diga la gente”, yo te responderé: “genial, pero te sigue afectando”. Sí, quizá tú ya superaste los prejuicios y eres inmune a las críticas. Pero seguirás viéndote dañado por el menosprecio general que harán sobre tu trabajo.

Te enfrentarás a que mucha gente no considere como algo serio lo que haces y, por ende, no quieran pagarlo. He de admitir, con pesar, que ya perdí “amistades” por haberme negado a corregir sus textos gratis, por ejemplo. Incluso, muchas veces tendrás que generarte tú mismo tus oportunidades laborales.

Pero que eso no te desanime. Confía en mí, eso hace que cada pequeño logro en esta carrera se sienta como un triunfo gigantesco. Cuando consigo que un niño empiece a leer, o que una revista o periódico mejore sus estándares editoriales, o cuando un autor es conocido gracias a una buena gestión cultural, contribuyo a que el sistema se sensibilice con respecto a nuestra profesión. A la larga, esos pequeños pasos nos llevarán, de un modo u otro, a la meta deseada.

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