EL MUSEO DE LA NOSTALGIA DE ANDREA MURIEL

Por: Jorge Gallarza

Andrea Muriel es una apuesta interesante en la literatura contemporánea, su obra se gesta en la cotidianidad de la vida, camina entre el amor y el desamor, la fugacidad del encanto y la devastación del futuro. A veces el amor es un cactus (2019) es un poemario lleno de ecos, un museo de la nostalgia, hábitat del recuerdo. Todos los poemas que componen esta colección son fascinantes y demoledores. La voz poética nos entrega en confidencia un grito de desahogo y los restos de un amor fermentado por el tiempo. Hay que mencionar que este texto juega con los sentidos, en especial con el olfato. La insistencia de los malos olores es vital para comprender el estado de descomposición en el que se encuentran las relaciones cuando se enfrentan a una monotonía sin retorno. Muriel presenta de manera espectacular al cactus como símil del amor: hermoso, áspero e hiriente, sin embargo, no hay que olvidarnos de otros elementos que aparecen constantemente como las rosas, el ceviche y el dinosaurio. Nada es gratuito, siempre hay algo que nos sorprende, en especial cuando hablamos de cosas que nos duelen y que recordamos significativamente.

A veces el amor es un cactus se arriesga y acierta en su construcción poética, deja a un lado la poesía tradicional para desnudarse ante la libertad creativa de su autora, en este sentido, el resultado nos hace sentir cómodos y agradecidos. Otro aspecto que debe mencionarse y que es grato en la lectura es la apreciación e instalación de atmosferas actuales, el sujeto lírico posee una voz fresca, inmediatamente coincide y empatiza con los lectores jóvenes, explora un mundo nuevo a través de la inclusión de las redes sociales como un medio de comunicación y un arma de doble filo. A veces el amor es un cactus es un texto fascinante, esa es la palabra para describirlo.

Estoy convencido de que Andrea Muriel figurará entre los poetas más importantes de la literatura mexicana, su palabra es exquisita, siempre es un gusto leerla. A más de uno le habrá roto el corazón con sus cactus, a más de uno le agradará la idea de guardar fósiles de dinosaurios en su estantería personal, como a mí.

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