Consejos para comenzar a escribir

Por: Alex Haro

Yo sé que a estas alturas parecerá que soy el tipo más contradictorio del mundo. Un día les digo que el estudiante de letras o literatura no entra a la carrera para ser un escritor, y al siguiente hago una columna de consejos para aquellos que pretendan hacerlo. Pero, al final de cuentas yo solo me debo a la realidad. Así como es verdad que la licenciatura no te prepara para convertirte en escritor, técnicamente, también es verdad que muchos alumnos, me incluyo, ingresamos ahí con la esperanza de serlo algún día.

Del mismo modo, no pretendo escribir esto con la idea de que soy una respetada autoridad que lo sabe todo del tema. En lo absoluto. Soy tan novato como cualquier otro. Mi única intención con esta columna es compartir a los que les interese el tema algunos tips que me han resultado bastante provechosos a la hora de intentar escribir, sin importar si es ficción o no, o el género. Sin más preámbulos, aquí van:

1. Lee mucho.

Esto es algo en lo que todos los escritores estarán de acuerdo. Si quieres escribir género periodístico, tienes que leer muchísimas noticias, artículos, columnas y reportajes. Lo mismo aplica para la ficción. Por cada página escrita, debe haber por lo menos unas cincuenta leídas en tu historial.

Leer te permitirá descubrir qué es lo que el resto de la gente está escribiendo, cómo lo hacen, cuáles son las técnicas que utilizan, cómo han sido capaces de conformar un estilo, entre muchas otras cosas. El viejo dicho reza: “la práctica hace al maestro”, y, si bien esto es indudable, gran parte del aprendizaje consiste en una observación constante y atenta. ¡Lee! ¡Lee hasta que ya no puedas más!

2. Establece una rutina diaria de escritura.

Lamento mucho si con esto rompo algún sueño idílico que pueda existir sobre el artista que, al dedicarse a esto, se puede permitir las bondades de no contar con un “empleo estricto”. Totalmente falso. Como he manifestado en otras entradas de esta columna, el artista hace un trabajo tan respetable y digno como el resto de personas. Por lo tanto, el respeto y el compromiso hacia ese empleo lo debe de tener, de entrada, el propio escritor. Aquel que escribe “cada que se muere un burro verde”, como dicen en el pueblo, no se acostumbra al rigor del trabajo arduo y constante.

Piénsalo como un atleta. ¿Qué pasaría si alguien que quisiera levantar pesas fuera al gimnasio cada tercer día, o dos o tres veces por semana, o “cuando tenga ganas de hacerlo”? Pues el día que pretenda levantar un gran peso las piernas se le doblarán más rápido que unos popotes. Nadie aprende un idioma de un día para otro. De la misma forma, ni el ser más talentoso de la historia ha logrado perfeccionar un arte como por obra de magia. ¡Disciplínate!

3. Desconfía del poder de la inspiración y las musas.

Este punto está muy apegado al interior. Es increíblemente común que los “artistas” justifiquen su holgazanería bajo el pretexto de no estar inspirados. No me malentiendan. A cualquier persona le puede llegar a suceder, no solo a los artistas. Tanto médicos, como abogados y profesores tienen días malos en los que lo único que quieren es volver a la cama y dejar que las horas pasen.

El problema es que con los trabajos “comunes” no nos podemos dar ese lujo. Bueno, tampoco deberíamos hacerlo con el arte. Sí, habrá días en que las ideas fluirán y te sentirás genial escribiendo, pensarás incluso que todo el tiempo estuviste destinado para este empleo. Sin embargo, también habrá ocasiones en las que no podrás conectar una idea con otra, serás incapaz de escribir dos renglones “decentes” y querrás aventar la computadora por la ventana.

Cualquiera es artista en los días buenos, cuando sientes que los dioses te susurran al oído y la gente que te lee te llena de elogios y pleitesías. Lo importante es tratar de serlo también en los días malos. Eso es lo que separa a los aficionados, a los posers (haciendo uso de la jerga tradicional), de la gente que en verdad quiere dedicarse a esto de por vida. Quizá suena demasiado difícil. Pero, ey, nadie dijo que el arte era siempre sería como un paseo por la playa.

4. Ejercítate.

Volvamos al ejemplo del atleta. Así como los músculos requieren de ejercicios constantes para desarrollarse, la capacidad de un escritor se fortalece entre más y más escribe. Suena lógico, ¿no? ¡Pues lo es!

En los días malos, donde escribir tres palabras que hagan cierto sentido parece una misión casi imposible, haz ejercicios de escritura. Trata, por ejemplo, de describir lo que te rodea. Con esto te darás cuenta de que las cosas en apariencia sencillas, como dibujar tu habitación con palabras, son mucho más complicadas. Además, cuando por fin la inspiración vuelva, hallará a una persona mejor preparada, más ágil y flexible para bailar junto a ella. Recuerda: ¡la inspiración te encuentra trabajando!

5. Mantente actualizado.

Este consejo aplica para cualquier persona, sin importar la profesión que ejerza. Todos los días, el mundo continúa expandiéndose y, con ello, aumentan y aumentan cada vez más los conocimientos. En el caso de las artes ocurre exactamente lo mismo. Penosamente, como estudiantes de letras, estamos tan acostumbrados a leer artistas del pasado, por obvias razones, que a veces olvidamos que la literatura es un ente vivo. ¡No pierdas nunca de vista hacia dónde está caminando!

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