ESPÍRITU, IDEA Y CONSECUENCIA

La poesía y no los poetas, los poemas y no los poetas.

Javier Tinajero

No leemos a otros, nos leemos en ellos.

José Emilio Pacheco

Por: Jorge Gallarza

He vivido lo suficiente para tener la certeza de lo que significan muchas cosas: el amor, la angustia, el dolor y la ternura. Mi conciencia es liviana y consecuente con mis actos, aprendí a leer y a escribir para preservar lo que más me importa: la palabra. La literatura es un consuelo. La poesía es un espejo. He coleccionado infinidad de nombres y de todos ellos he aprendido a escucharme a mí mismo, a revelar mi mitología personal a través de lo que escribo. Al lector se le entrega el espíritu, la idea y la consecuencia. 

En la poesía no existe el tiempo ni el espacio, se invoca y se rememora un universo fugaz. Quien lee un poema no está leyendo a Jorge Gallarza o a Gilberto Owen ni a Antonio Gamoneda, en realidad está leyendo a un fantasma, a un eco, una voz que grita las intenciones personales de cada autor. El lector se nutre con las palabras, las dota de significado y las libera después. 

El poeta se confiesa y redime en cada obra, debe dejar atrás el pudor y entregarse por completo a la mirada extraña, sin esta intención no habría complicidad, no habría coincidencia. El poeta escribe porque quiere ser leído, comprendido y perpetuado, esa es la realidad que existe detrás de todo acto creador, aunque él génesis de todo innegablemente siempre es la purificación de las inquietudes del alma. Luego viene la experimentación, la innovación y la conservación de las formas de escritura: el verso y la prosa se afilan en las mismas manos, en la misma emoción. Son meramente un pretexto para presentar la ofenda que concilie al escritor con su público.

Como poeta y como lector vivo de la agonía, de la incertidumbre y de la claudicación. T. S. Eliot alguna vez mencionó que cuando un poeta lee a otro se descubre en él, se interpreta y converge con el mundo. Todas las lecturas me han madurado y enseñado la infinidad de caminos que uno puede seguir cuando se enfrenta al ejercicio de la hoja en blanco. Cuando escribo hablan por mí los instantes y las cicatrices que forman el cuerpo de mi nombre. Cuando me leen encuentran mi voz en sus labios, la risa y la lágrima que compartimos soñando y padeciendo la misma vida.

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