Tipos de lectores

Por: Alex Haro

Una de las experiencias más bonitas que podemos vivir, como lectores, es encontrar a otras personas que tengan la misma pasión por la literatura. Esto ocurre porque, penosamente, en nuestra sociedad no es muy común que la gente guste de la lectura. No quisiera caer en el espantoso cliché de que somos únicos y diferentes, porque yo mismo lo he criticado de forma tajante, pero sí es un hecho que, a menos de que la profesión que elijas esté conectada a las letras, es raro hallar una comunidad lectora en la cual insertarte.

Sin embargo, una vez que lo consigues, te das cuenta de que el resto de lectores no siempre tiene los mismos gustos y opiniones que tú. Es más, notas que, incluso, sufren de manías que te resultan absolutamente extrañas. Y, por otro lado, también puede ocurrir que halles algunos que recreen las mismas que las tuyas, por inusuales que te parezcan. La comunidad lectora tiende a ser extremadamente diversa, lo que siempre la hace interesante.

Por eso, a continuación, he decidido enlistar unos cuantos tipos de lectores con los que yo me he encontrado en el camino. Si te sientes identificado con alguno, házmelo saber; y si me ha faltado una categoría, que es muy probable, también dímelo. Desde ya siento que esta columna va a necesitar, por lo menos, una segunda parte. Pero, ahí vamos:

1. El comprador compulsivo

Más que una categoría, me parece que este tipo de lector es una especie de “virus” que todos llegamos a agarrar en algún punto de nuestra vida. Ya sabes cómo va la cosa: tienes un montón de libros en casa, libros que te gustaría comenzar a leer pero, desafortunadamente, el día nada más tiene 24 horas, por lo que tienes que ir con calma. Y, en eso, en lugar de leer los que ya tienes, vas y compras más libros.

¡Ey! La mayoría de las veces no es tu culpa. ¿Recuerdas ese libro que leíste en tu infancia y que no encontrabas en ningún lado? Pues justo lo hallas en una librería de segunda mano a un precio genial el mismo día en que juraste que ya no comprarías más libros hasta terminar los que tienes en casa. ¿Cómo rechazar algo así?

No te castigues mucho. Solo recuerda que los libros no son un adorno cualquiera: deben leerse. Tener un libro y no haberlo leído es como comprar una almohada y dejarla en el armario, que para que no se gaste. El consumismo exacerbado está mal. Ese consejo te doy porque tu amigo Alex soy.

2. La biblioteca andante

Es muy común que las personas que no leen mucho nos digan a nosotros: “¡órale!, lees un montón”, o “¿cómo le haces para leer tanto?”. Sin embargo, entre lectores también sabemos que hay jerarquías. Nos encontramos algunos que leemos de forma “normal”, a un ritmo sano. Pero también existen aquellos semidioses del olimpo que parecen conocer todos y cada uno de los libros escritos, e incluso que conocen y leyeron también los que se quemaron en Alejandría.

―Oigan, ¿alguien que me pueda recomendar un autor nigeriano?―

―Claro. Me imagino que conoces a Chimamanda Ngozi Adichie, porque ha estado de moda últimamente. Entonces, ahí te van otros que a lo mejor no ubicas: Wole Soyinka es muy bueno, Chinua Achebe no es de mi personal agrado pero chance te late a ti… Ah, y cómo olvidar a Ben Okri; su libro El mago de las estrellas me gusta muchísimo.

¿Saben que es lo mejor de todo? Cuando encuentras lectores que son así, de forma genuina, y no lo hacen por presumir ni parecer pretenciosos, muy diferentes a:

3. El hipster wannabe / El poser

Estos son una verdadera pesadilla, y abundan mucho más de lo que deberían. Todos los conocemos: son el típico lector que quiere parecer intelectual, único y diferente, cuyo único interés por la lectura es para mirar por encima del hombro al resto de personas, ese que nos da mala fama a todos los demás. ¿Qué hace para lograrlo? Muy fácil: odia todo lo que sea “famoso”, y adora autores que ninguna persona en el planeta ha leído… ah, eso sí, siempre y cuando este escritor no se haga famoso. En cuanto más de tres personas lo ubiquen, perdió toda la magia en un santiamén.

―Ey, ¿qué estás leyendo?

―Hola. Estoy leyendo Doce cuentos peregrinos, me encanta García Márquez.

―Pfff, ¿qué haces leyendo a Márquez? Tan básico… Mira, yo estoy leyendo a Wensemanali Toyegamusana.

― ¿Quién?

―No me sorprende que no la conozcas. Es una autora ciega de Vietnam. Bueno, ella como tal no escribió el libro. Verás, ella tal cual no habla ningún idioma. Más bien lo que hace es una serie de danzas ceremoniales con instrumentos medievales y una persona sorda es quien hace poesía basándose en la pureza de sus movimientos…

Ya saben a qué me refiero, ¿verdad? Lo peor de todo es que, aunque traté de burlarme para hacer un punto, creo que la tal Wensemanali Toyegamusana suena bien interesante.

4. El necio que no suelta al mismo autor

Con este punto corro el riesgo de hacer algo que en mi pueblo le llamarían “escupir para arriba”. Es decir, que esto que estoy escribiendo podría ser fácilmente usado en mi contra. Pero, ¡ey!, por eso mismo lo hago. Un buen juez comienza por su casa… o al menos debería.

Todos saben que yo amo a Stephen King. Y, seamos honestos, es plenamente comprensible. Gracias a él conocí la literatura y, si no hubiera sido por sus libros, jamás habría llegado a cruzarme con las letras universales. Sin embargo, hubo una época en mi vida que lo único que leía eran libros de King. Literalmente, lo único. Yo creo que leí unos quince libros de él, ininterrumpidos, antes de acercarme a otros autores.

Muchachos, lo he dicho hasta el cansancio en las diversas entradas de esta columna: la literatura es un mar gigantesco. No tiene sentido quedarnos solo en una islita, encerrados para siempre. ¡No! Toma tu barquito y sal a explorar en todas direcciones. Solo Dios sabe las aventuras que vivirás. Y, no te preocupes, esa isla a la que hiciste tu hogar siempre estará para ti en cuanto decidas que es momento de volver para una visita.

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