Errores más comunes al comenzar a escribir

Por: Alex Haro

En una entrada de esta misma columna, hablé un poco sobre los consejos que me habían sido más útiles cuando comencé a escribir; o, al menos, cuando intenté hacerlo por primera vez. Leyéndola, me doy cuenta de que, en efecto, son tips muy valiosos para aproximarse a la producción artística. Sin embargo, me parece necesario agregar, quizá a manera de epílogo, una breve lista con los errores más comunes que la mayoría de escritores cometemos al iniciar nuestra carrera, sino es que todos. Así que, sin más preámbulos, estas son las equivocaciones más típicas de un artista novato, y de las cuales conviene alejarse lo más pronto posible:

1. Huye de los “lugares comunes”

En palabras llanas, un “lugar común” es como un cliché, es decir, una idea, imagen o expresión repetida hasta el cansancio, vista en todas partes. Y no importa sobre qué género quieras escribir, los lugares comunes acechan como un monstruo que te observa tras una cornisa (por ejemplo).

Si estas escribiendo una historia de amor, haz lo posible para que el primer beso de tus personajes principales no sea “bajo la lluvia, mientras nuestros cuerpos huyen del frío resguardándose en el calor del otro”. ¡Wow! ¡Un beso apasionado bajo la lluvia! ¿Quién se lo hubiera imaginado?, ¿dónde hemos visto eso antes?

Los lugares comunes tienen la fuerza suficiente como para arruinar por completo la mejor historia que se te pueda ocurrir, pues no aportan nada al texto y, simplemente, denuncian lo repetitiva que puede ser la prosa del autor.

2. No enuncies, muestra

Cualquier persona que lo intente se dará cuenta de que describir es una de las formas discursivas más complejas que existen. En apariencia sencilla, pero, en la realidad, mostrar un objeto, ser, ente o concepto con palabras es una tarea no solo ardua, sino que tremendamente exigente. No obstante, pocas cosas enriquecen tanto una narración como las descripciones bien escritas. Si no me creen, pregúntenle a Víctor Hugo.

Por lo tanto, una de las cosas que más rápido debe trabajar un escritor amateur es su capacidad descriptiva, sobre todo cuando se habla de sentimientos o emociones. No me digas que tu personaje “sintió miedo”, muéstramelo: “a medida que oía acercarse al monstruo, las palmas de sus manos comenzaron a transpirar sin control, mientras que una descarga eléctrica nacía en su nuca y empezaba su recorrido a través de la espina dorsal”.

Sí, seguramente no es la mejor descripción de una emoción, estoy de acuerdo. Y, aun así, es mucho más rica que la expresión “sintió miedo”. Ahora, imagínate el impacto que puede tener en tu lector que le describas la tenebrosa casa del villano, en lugar de solo decir que “es tenebrosa”. Mostrar, en resumen, siempre será más efectivo que solamente enunciar.

3. Cuidado con los adjetivos

Los adjetivos son palabras increíblemente poderosas. Pero también pueden ser un arma de doble filo. Son capaces de elevar una sentencia al nivel justo que el artista pretende, o reducir una emoción a la repetición absurda de un discurso. Por lo tanto, debes ser muy cuidadoso al momento de elegirlos.

Mi recomendación: si no hace falta el adjetivo, ¡no lo pongas! Si ya fuiste capaz de describirme una maravillosa batalla final entre los antagonistas, por poner un ejemplo, no me digas que, al final, el protagonista “le dio un fuerte puñetazo”. ¡No hace falta! ¿Qué otra clase de puñetazo podría darle? De esta forma, el adjetivo, lejos de potenciar el texto, arruina el trabajo hecho anteriormente.

4. No te apropies de otras culturas

Quiero cerrar con esto porque me parece el error más común que cometemos los escritores novatos en México, y supongo que en el resto de Latinoamérica. Créanme: no hay nada mejor que leer un cuento, novela, poema o ensayo que se sienta honesto. Pocas cosas regocijan tanto al lector como sentir que el texto está escrito con la mayor sinceridad posible. Y, para hacerlo, el escritor debe hablar desde su realidad.

Ojo, no me refiero a que “forzosamente debas hablar de tu contexto”. No. Grandes libros han sido escritos apoyándose de la fantasía. Lo que trato de decir es que no te apropies de la cultura de otro país para contarnos una historia.

Si bien es innegable el impacto cultural de Estados Unidos en México, ¡nosotros no somos estadounidenses! Entonces, si Lupita Gonzáles de Oaxaca, o Martín Gutiérrez de Querétaro me quiere contar una historia de amor entre dos jóvenes, ¡por el amor de Dios, que no use una high school como escenario! Tampoco hagas a tus protagonistas un capitán del equipo de futbol americano o la líder de las porristas. Solo hay algo peor que usar un lugar común: usar uno que ni siquiera sea de tu contexto.

¿Cuándo ha habido una escuela así en México? ¡Jamás! O, al menos, la enorme, brutal, gigantesca mayoría de las preparatorias en nuestro país no son ni siquiera parecidas a eso. Lo único que consigue el autor con ese “truco” es romper el contrato de verosimilitud con el lector, ¡antes de que comience la obra! En otras palabras, ya perdiste a tu público en la segunda línea. ¿Me van a decir que no podemos hacer historias desde la mexicanidad? Y no, no pretendo con esto apelar a un falso patriotismo para que nos sintamos orgullos de nuestro país y bla, bla, bla… No. El consejo se reduce a: habla de lo que conoces, cuenta desde tu realidad. Los textos construidos con mentiras se caen tan rápido como las mentiras mismas.

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