Me enamoré del teatro… musical

Por: Diana Hernández

Soy fiel creyente de que la música le da sabor a la vida, y como parte esencial de la mía es el teatro, cuando el teatro musical apareció en mi camino, definitivamente hizo para quedarse.

El teatro musical nace a mediados del siglo XIX en Estados Unidos con el espectáculo “The Black Crook”, en el cual, se unieron una compañía de danza y otra de teatro, teniendo como antecedentes a la opereta, la pantomima, el vodevil, el género burlesco, etc. En todas estas, la música, el movimiento coreográfico, el canto y, por supuesto, la actuación, son parte fundamental de su estructura, y es que justamente, el teatro musical se distingue por el equilibrio de estos elementos, generalmente un actor de teatro musical debe ser, además de actor, bailarín y cantante, puesto que estas tres disciplinas se encontrarán entrelazadas durante toda la representación.

Algunos de los musicales más importantes de la historia y que han marcado no sólo el escenario, sino también la pantalla son: West Side Story (1957), A Chorus Line (1975), Les Misèrables (1985), The Phanton of the Opera (1986), Rent (1996) y entre los más actuales están: Wicked (2003) y Hamilton (2015)

Aún recuerdo el primer musical que marcó mi vida, este no se me presentó en el escenario, sino en la pantalla. Corría el año de 1998 cuando mi mamá me presentó a la magnífica Julie Andrews interpretando a “prácticamente toda perfección”: Mary Poppins. Sus melodías marcaron mi infancia, canciones como Un poquito de azúcar, Supercalifragilisticuespialidoso y, Qué glorioso es un día con Mary fueron el tema principal de muchas de mis fantasías infantiles en las que me convertía en una gran artista.

Años más tarde, fue de nuevo mi madre quien me llevó a presenciar mi primera obra musical de gran formato, allí mismo, dentro de las taquillas del antes Centro Cultural Telmex nos encontramos con Pedro Armendáriz; un hombre imponente, sumamente humilde e increíble actor, y aunque no lo conocía, pronto entendería su magia sobre el escenario pues, Armendáriz interpretaba a Tevye en la obra clásica “El violinista en el tejado”. 

Bastó con presenciar el primer número musical “Tradición”, para darme cuenta de que no solo estaba enamorada de lo que hacían los actores sobre el escenario, sino, que yo también deseaba ser parte de ello.

El teatro tiene tantas caras, tantas facetas que nos hacen vibrar, disfrutar, reír y llorar, angustiarnos, enojarnos, en fin, nos hace sentir.Y algo es seguro, una vez que te adentras en el mundo del teatro no quieres salir.

En mi caso, la puerta de entrada fue el teatro musical, y ¿para ti? ¡cuéntame!, ¿qué obra, qué estilo o qué momento fue clave para enamorarte del teatro?

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