Magia perpetua: así es la Historia y la Paleografía en mi vida.  Entrevista a la Mtra. María Elena Bribiesca Sumano

La experiencia de revisar un documento para descubrir su contenido es una satisfacción enorme, se trata de un recurso que nos abre las puertas al conocimiento y a otros mundos; es simplemente mágico.  

Mtra. María Elena Bribiesca Sumano

¿Qué o quién le transmitió el gusto por la Paleografía y la Historia?

En general, fueron una serie de circunstancias.  Estudié la carrera técnica en auxiliar de contabilidad, por lo que, en el año de 1952 entré al Archivo General de la Nación. Al poco tiempo, me di cuenta de las actividades que se realizaban en torno a los libros y legajos, cosa que llamó profundamente mi atención, poco a poco me fui acercando a estas y a las personas que manejaban los materiales. Algo que me impresionó mucho, fue el ver manuscritos a los que no podía darles un significado, es decir, mi deseo por conocer su contenido me animó, sin saberlo, a querer adentrarme en la Paleografía. Para aquel entonces, esta ciencia no era muy común, por lo tanto, pocas personas tenían el conocimiento.  Ante esta situación, y con el afán de tomar un curso de la UNAM que me permitiera adentrarme a la Paleografía decidí revalidar mis estudios, era muy joven en esa época, sentía que tenía aún mucho por aprender, todavía más, en ese mundo desconocido que se mostraba ante mis ojos.

Así lo hice, revalidé mis materias, terminé la secundaria e ingresé a la Escuela Normal. Simultáneamente continúe aprendiendo en el Archivo General de la Nación sin algún método didáctico, simplemente conocía a través de mis compañeros. Sin embargo, al poco tiempo tuve la oportunidad de dejar el departamento administrativo para incorporarme a uno nuevo en el que únicamente se llevaba a cabo trabajo paleográfico. Así, con el ejercicio diario, y con el auxilio de los compañeros, claro, fui aprendiendo poco a poco sobre las abreviaturas.

Tiempo después de haber concluido mi preparación en la escuela Normal, ingresé a la Normal Superior de México para hacer la carrera en pedagogía. Fue ahí mismo, en donde tuve la maravillosa oportunidad de conocer a personajes de la Historia, tales como Edmundo O ‘Gorman, Luis González y González. Por supuesto, nuestras charlas despertaban cada vez más mi deseo por conocer sobre su área. Además, me di cuenta de que el Archivo General de la Nación era el repositorio más importante de América Latina, y el estar ahí, simplemente me llenaba de emoción, era como entrar a un lugar mágico, en donde el tiempo perdía su rigurosidad.

¿Cuál considera que es el mayor reto dentro de la paleografía?

Creo que son muchos. Para comenzar está el lenguaje, pues se trata de un elemento con el cual se debe de familiarizar, eso sin mencionar las situaciones de cada documento, por ejemplo, está el lenguaje legal del momento en el que se redactó, así como aquellos que fueron escritos en lengua indígena. El lenguaje tiene expresiones, palabras y también cuenta con una redacción en donde el orden gramatical es distinto. Es por esto, por lo que tenemos que familiarizarnos con él, así como practicarlo constantemente.

A pesar de esto, considero que el mayor reto sigue siendo entender las formas de las letras, porque hay letras que son totalmente distintas a las que usamos ahora. Además, nos enfrentamos al estilo del escribano en donde cada uno de ellos imprimió su personalidad en el documento, ¡es un reto hermoso y fascinante para el historiador! La experiencia de llegar a cualquier archivo, revisar un documento para descubrir su contenido es una satisfacción enorme, se trata de un recurso que nos abre las puertas al conocimiento y a otros mundos; es simplemente mágico.  

Cuando visitó por primera vez un archivo ¿qué es lo que más le llamó la atención? 

Cuando llegué al Archivo General de la Nación pensé: ¿qué es esto? ¿qué hacen aquí esos señores con esos libros tan grandes? Miraba a mi alrededor y todas las paredes estaban cubiertas de anaqueles llenos de libros, ¡era impresionante!, e inevitablemente me interesé. Aprendí todos los días estando allí, por ejemplo, memoricé las figuras que tenían las abreviaturas, aunque sin comprender exactamente su uso.

Posteriormente, hacía transcripciones de los documentos para las certificaciones y más tarde me convertí en la jefa del departamento de certificación en este archivo. Estuve en el Archivo General de la Nación por treinta y cinco años en los que definitivamente me enamoré.

¿Cómo ha sido su experiencia en el cambio de paradigma educativo que van desde el pizarrón, hasta las clases en línea? al mismo tiempo, ¿cuáles son las dificultades a las que se ha enfrentado?

En lo personal, me gusta trabajar con el papel impreso. Cuando tienes en las manos el documento puedes subrayar, poner notitas, resaltar las partes más importantes para repasar, etc. Pero, no es lo mismo si lo tienes en la pantalla, en la computadora no podemos realizar fácilmente esta serie de pasos.

Sin embargo, a pesar de estos inconvenientes, parece ser que las clases en línea nos han obligado a ser más responsables y dedicados porque no aprendemos de la misma forma que antes. Eso sí, en más sencillo durante las clases presenciales intercambiar ideas, y tener un mejor control de la clase porque puedo verlos a todos, en cambio, con esta nueva modalidad esto se dificulta mucho, en ocasiones los alumnos no pueden o no quieren prender la cámara, y ante esto, es imposible hacer algo. Sin duda, la relación maestro-alumno es mucho mejor estando en un salón de clases.

¿Qué propone usted para mejorar la enseñanza de la Paleografía en estos medios digitales?

El programar asesorías, tal vez. Por ejemplo, antes, al mediodía cuando las clases de la mañana terminaban llevábamos a cabo una asesoría dos veces por semana, y en estas, solucionamos muchos problemas y dudas. Esa podría ser una solución; programar una asesoría, y que, sobre la marcha los estudiantes planteen sus dudas para que los maestros las podamos resolver.

¿Cuáles son los cambios más relevantes que ha notado en la disciplina paleográfica?

Sin duda, ha habido una evolución importante. Por ejemplo, derivado de la participación de otras maestras, se han tenido nuevas ideas para lograr hacer guías sobre lo más significativo en la enseñanza de la paleografía para que los alumnos tengan presente este conocimiento, y no tengan temor de introducirse en ningún archivo. Sin duda, ha mejorado esta disciplina y seguramente mejorará con el pasar de los años.

Dentro de la formación del historiador ¿qué tan importante considera a la Paleografía?, y ¿qué le diría usted a esos historiadores que piensan que nunca se van a encontrar con un documento o archivo?

Somos investigadores en la Historia, no sólo maestros. El propósito de nuestra carrera es cumplir con un doble compromiso: ser docentes e investigadores. Muchas veces tenemos que investigarnos para enseñar.

¿Qué es lo que más disfruta de formar parte de la Licenciatura en Historia?

Mi mayor satisfacción es saber que tengo alumnos que me superaron, que ahora son doctores con innumerables obras, que son excelentes paleógrafos y que de cierta forma contribuí con eso. Mi mayor satisfacción sin duda es esa; participar en la formación de mis alumnos.

¿Cuántos años lleva como docente?

Son casi ya sesenta años. Antes de estar en la UAEMex, di clases en la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía de México, al igual que en el Archivo General de la Nación.

¿Cuál piensa que será el futuro de la disciplina paleográfica?

La Facultad de Humanidades mantiene hasta ahora su calidad para impartir la disciplina paleográfica, y aunque no es una disciplina fácil, estudiamos para comprenderla. Es por eso por lo que pienso que, mientras siga vigente esta política en nuestra facultad, no se podrá omitir en la vida académica del futuro historiador. De esta manera, la paleografía va a subsistir a pesar de los años.

¿Qué consejo les daría a los estudiantes que están a punto de egresar de la licenciatura?

Que no se vean a sí mismos como un producto acabado. Cuando me toca participar en algún examen recepcional, siempre le menciono al alumno que el egresar es solo es una etapa de su vida. Aún si llegan a hacer algún doctorado, no son un producto acabado, pues siempre habrá nuevos conocimientos que adquirir.

El profesionista debe ser sencillo, ya que con una buena dosis de humildad, siempre seremos unos aprendices y recordemos que el historiador tiene un sinfín de documentos por explorar. Mis estudiantes me enseñan mucho, me emocionan con sus participaciones porque a través de estas, me muestran su interés por la disciplina. 

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