Hablemos de dinero, hablemos de teatro comercial

Por: Diana Hernández

Aviso al lector: para esta columna utilizaré una frase que recuerdo mucho de mis años en la facultad: “exagero para que me entiendan.” Y es que en esta columna hablaré del panorama general, no me referiré a ninguna producción en específico (aunque estoy segura que las identificarán fácilmente), hablaré sobre las situaciones más comunes que se dan en este tipo de producciones.

Ya hablé un poco sobre el teatro musical, ese maravilloso teatro del que me enamoré desde niña, pero algo que no mencioné es que el teatro musical es un tipo de teatro comercial, el cual requiere de una gran inversión para ser realizado, pretende ser un buen negocio, recuperando lo invertido y generando una, al menos decente, ganancia.

El teatro comercial es entonces, aquel que se rige por la búsqueda de una recompensa económica, normalmente está en las manos de empresarios privados y su principal condición es el éxito financiero. También busca volverse un referente para el público y que una gran cantidad de personas paguen un boleto para una de sus funciones.

Es, lamentablemente, una regla general es que el teatro así como las artes son mayormente consumidas por un público perteneciente a las clases media y media-alta; por ahora no entraremos en detalles sobre las razones que generan que el público “general” no llegue de manera habitual a las artes y la cultura.

Hablaremos en cambio de cómo para este tipo de teatro es totalmente notoria la necesidad de atraer un público acaudalado, en principio porque los elevados costos de las entradas permitirán que sólo una parte de la sociedad pueda costearlas, también porque parte casi fundamental de la fórmula del teatro comercial es la aparición de actores y actrices reconocidos del cine y la televisión, grandes celebridades con grandes sueldos que serán cubiertos por el público que pagará una gran cantidad por tener la oportunidad de verlos de cerca – o no tan cerca- en el teatro.

Aunado a esto, la gran capacidad de nuestros empresarios que poseen la habilidad, las finanzas y los contactos necesarios para realizar grandes giras nacionales que lleven sus producciones a distintos lugares que no cuentan con una cartelera teatral habitual o conocida, por lo que gran cantidad de público que habita en lugares alejados de las grandes ciudades, esperan con ansias el momento de recibir este tipo de producciones.

Nos encontramos también con el fenómeno del FastTeatro, pues el teatro comercial no pretende, en general, ser un arte subversivo y reflexivo, en muchos casos ni siquiera pretende ser arte sino entretenimiento de fácil digestión para el espectador, como regla general, se presentarán obras cómicas o melodramáticas, adaptaciones de grandes películas, novelas y hasta series, ya sea en su versión hablada o cantada. Ya que se pretende llegar a una gran cantidad de público para generar una buena cantidad de dinero, el teatro comercial se vale demasiado de la complacencia al espectador.

Las características de este tipo de teatro no lo convierten en bueno o malo, en mejor o peor, es una forma específica de hacer teatro que está dirigido a un público específico, el hecho de que pierda un poco su fuerza crítica es fácilmente cubierto con su capacidad de llegar a muchos –y grandes- espacios públicos.
El teatro comercial es entretenimiento, es ocio y dentro de esta categoría la realidad es que el teatro comercial hace un gran trabajo para cumplir con sus objetivos y en varios casos con las expectativas del público.

Cuéntame, ¿qué obras que identifiques como teatro comercial has visto?

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