La capacidad inventiva de los artistas

Por: Alex Haro

Justo como establecí en una entrada antigua de esta bella columna, uno de los graves problemas a los que nos enfrentamos los artistas cuando damos ese “brinco” hacia la profesionalización, o al menos cuando lo intentamos, es hallar una voz propia que nos permita dotar a nuestras obras de creatividad y originalidad. Inventar una pieza artística que sea novedoso y que proponga algo nunca antes visto. Tarea fácil, ¿no?

Creo que la primera pregunta a realizarse es: ¿se puede hacer una obra cien por ciento original? Mismo cuestionamiento que ya respondí en esta bitácora, y la puedes encontrar en la página de Acuarela Humanística con el título de “No hay nada nuevo bajo el sol”. Es más, soy tan buena onda que te doy chance de irte a leer esa primero para que puedas volver. 3… 2… 1… ¿Listo?, ¡sigamos!

Respondida esa cuestión, queda una interrogante pendiente: entonces, ¿qué debe hacer el nuevo artista para encontrar su voz y hallar propuestas e ideas originales? La verdad, no creo que haya una sola respuesta para esto, o una serie de instrucciones a seguir para conseguirlo. Así que, sin más por hacer, me limitaré a recomendar lo que me ha funcionado: la espera activa.

En cuanto uno se adentra en el mundo artístico, se comienzan a desarrollar los sentidos de formas distintas al resto de la gente. ¿Porque somos dioses, superhéroes, superhombres? No, no, no, en lo absoluto. Simplemente es la práctica de pensar de forma “diferente” la que nos lleva a que una plática en el camión, la forma de las sombras en las noches o el sencillo comentario de un conocido suenen, se sientan y se vean de manera radicalmente opuesta a la normal.

Por eso, lo mejor que puedes hacer para que se te ocurra una idea original y, con suerte, hasta revolucionaria, es darle tiempo, espacio y paz a tu mente para que, tras bambalinas, pueda pensar libremente. Sin embargo, quedarse de brazos cruzados no basta. También es crucial acompañar esa espera con una serie de ejercicios que te permitan estar a tu máxima capacidad creadora para que, cuando por fin la inspiración decida visitar tu puerta, estés más que listo para sacarle el mayor provecho posible. En resumen: escribe, lo que sea a la hora que sea. No importa si es algo maravilloso o la peor basura de la historia, pero jamás pierdas esa práctica.

El otro día, siguiendo las tendencias de mi generación, me metí a TikTok y vi un video de un escritor que, para ser honesto, no reconocí (aunque en los comentarios decían que se trataba de Camilo José Celá). Se trataba de una entrevista en la que reconoce lo difícil que le resulta escribir. El periodista, tras este comentario, lo interrumpe recordándole su extensa obra. El escritor, entonces, remata con la frase con la que me gustaría cerrar esta columna: “porque trabajo de 8 a 10 horas diarias. Y por burro que sea uno, al final algo te saldrá”.

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