¿Y si nos damos por vencidos?

Por: Alex Haro Díaz

Reza el viejo dicho: “nadie experimenta en cabeza ajena”, y, por más que he intentado comprobar que no es así, me temo que esta puede tratarse de una de tantas máximas en la vida. En otras palabras, quizá dicha frase sea una de estas verdades absolutas que uno entiende tarde o temprano.

Para el profesor de Literatura esto aplica, sin lugar a dudas, con aquello de “qué difícil es convencer a alguien de que lea”. Ojo, no me malentiendan: desde que entramos a la universidad, y tal vez desde antes, la tenemos clarísima. O, al menos, eso decimos. Quizá para quedar bien, no vaya a ser que alguien nos vea feo; o quizá por miedo a ir en contra de la autoridad: “si lo dice el profesor con más de cuatro décadas de experiencia debe ser por algo, ¿no?”.

Sin embargo, estoy convencido de que uno no termina de darse cuenta por completo, es decir, la frase no nos impacta con toda su fuerza hasta que nos convertimos en docentes frente a grupo. Y sí: qué difícil es convencer a un montón de adolescentes de que leer puede ser divertido, dejen ustedes si luego ya es significativo o no, mínimo que los entretenga un rato.

Ahora bien, no pretendo ser pesimista ni bajar el ánimo de nadie con esto, pero, como con todo en la vida, tenemos que ser conscientes de que siempre habrá un alto porcentaje de estudiantes los cuales, por más esfuerzos del profesor, jamás les interesará leer. Es más, puede que tengan a una mezcla de Cervantes con Robin Williams en La sociedad de los poetas muertos, y aun así habrá quien prefiera morir antes de abrir un libro.

La cuestión pendiente es: si ya hice de todo y nomás no pude cambiar la forma de ver de Fulano o Perengano, ¿qué hago? Creo que lo mejor, para tu bien y tranquilidad mental, es hacer las paces con que la lectura no es para todos. Atención: no lo digo para que te resignes y eches flojera por la vida, no. Y tampoco lo digo con un afán pretencioso del tipo “es que la miel no se hizo para la boca de los puercos” (léase con voz de mirrey atascado de privilegios que piensa no tener). No, no, no, todo lo contrario.

Debes hacer todo lo que esté en tus manos, como profesor de Literatura, para inspirar amor e interés por los libros a tus estudiantes. Si después de eso de plano no se pudo, piensa que no todas las artes ni expresiones creativas son para cada individuo en el planeta. Si no te gusta la literatura, o la pintura, o el teatro, o la música, o cualquier otra disciplina, no eres ni más ni menos humano.

Hoy, mientras manejaba, vi un slogan de una famosa librería, supongo que todos pueden imaginar cuál, que me llenó de calor el corazón. Palabras más o palabras menos, la idea era: “cultiva letras y florecerán lectores”. Al igual que con el milagro de la vida floral, “sembrar” es lo único que podemos hacer.

¿Cómo sembramos? Muy sencillo: con el ejemplo. No hay más. Siempre que hable de la literatura tengo que hacerlo con todo el amor que siento por ella. Lo demás, al igual que la mayoría de cosas en la vida, está fuera de nuestro control.

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