Debemos hablar de lo que conocemos

Por: Alex Haro Díaz

Aquellos que me conocen saben de mi regla, o, mejor dicho, consejo para quienes quieren comenzar a escribir: sé honesto, escribe de lo que conoces. El origen de esta opinión es sencillo: en mi carrera como lector pocas cosas me han parecido tan horrorosas como leer a autores que niegan su realidad. Es decir, al menos en países como México, es muy común leer a un nuevo autor que hace una novela cuyo escenario es una high school gringa y los personajes son copias baratas del capitán del equipo de futbol americano y la porrista. O sea, algo tan falso como predecible.

Sin embargo, a raíz de que una persona me cuestionó esta máxima, yo mismo me he descubierto reflexionando sobre esta idea. Llevada al extremo, ¿de verdad podemos escribir solo de aquello que conocemos? Evidentemente, no. En primer lugar, porque el escritor aprende tanto con la escritura que sería imposible negar su autoaprendizaje con el paso de las letras.

Pero, y a pesar de que podría parecer contradictorio a mi idea primaria, la razón principal de no llevar esta regla al extremo es igual de simple: reduces la posibilidad creativa del artista. Pensémoslo por un instante, ¿solo pueden hablar de amor los que estén enamorados?, ¿o solo se les permitirá a los que hayan sufrido violencia reflejarla en un texto?

No, obvio que no, pues atentamos contra la capacidad inventiva que debería ser la punta de lanza de cualquier escritor. Como yo mismo tuve que defender alguna vez con mi familia: no por escribir sobre suicidio significa que quiero suicidarme. A veces, de hecho, es todo lo contrario. Pero al escribir creamos realidades a las cuales somos capaces de acceder a pesar de no tener un contexto completo al respecto.

Ahora bien, que no se malentienda. Esto no significa escribir sobre lo que sea sin informarnos jamás. Todo lo contrario, pues si un escritor decide aventurarse a contar algo que no haya vivido o experimentado, necesitará de un muy buen bagaje de investigación previa. Pues, como siempre en el arte y en la vida, nada puede ser tan fácil. Sin embargo, también mi “rígida” regla sobre la escritura, así como la existencia, es más flexible de lo que creemos.

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