La Literatura es contracultura

Por: Alex Haro Díaz

La naturaleza de las artes debería ser, siempre, existir sin la necesidad de alguna otra justificación. Valdría la pena, entonces, cuando presenciamos a los “iluminados” del análisis artístico buscar la interpretación más descabellada y sin sentido de un texto, tan solo por ser originales, recordarles que la Literatura y todas sus hermanas están ahí, principalmente, para hacernos disfrutar. Si perdemos de vista este objetivo estético, todo trabajo posterior de análisis pierde por completo su valor.

No obstante, a lo largo de su amplia y nutrida historia, la Literatura tiene grandes ejemplos de que sus obras, además del innegable valor estético inmanente, también poseen la capacidad de repercutir de forma activa y perenne en su sociedad. Esto se debe, en gran medida, a que mucha de la producción literaria, en especial en los años más recientes, es un claro ejemplo de la contracultura, entendiendo por esta al conjunto de producciones que representan valores o ideales lejanos a lo socialmente aceptado en un punto determinado de la historia.

Antes de continuar, me parece importante hacer una aclaración elemental: no quiero manifestar que esto sea bueno o malo. No. Creo que estos estándares son muy limitantes al momento de hacer un juicio literario. Es decir, no porque una obra de Literatura, o cualquier otro género artístico, sea contracultura significa que sea buena, o viceversa. Es más, muchas veces los “artistas” hacen un intento tan grande por denunciar un problema o establecer una postura política y social que se olvidan de la calidad artística, creando textos verdaderamente terroríficos.

Sin embargo, cuando una obra literaria de contracultura evidencia un buen nivel de valor artístico y estético los resultados pueden ser sensacionales. Esto es porque, a través de la visibilización artística, la cultura se nutre de distintos puntos de vista sobre un mismo fenómeno, ofreciendo al lector una visión de la realidad mucho más completa y con mayor relieve.

Si la Literatura se dedicara única y exclusivamente a contar historias desde el punto de vista hegemónico de una sociedad las posibilidades del arte se reducirían a la nada y, en vez de producción, tendríamos tan solo una simple y sencilla reproducción barata de lo que le conviene decir a las personas en el poder.

A través de la contracultura, las artes pueden prestar su voz a las minorías. Gracias a ella, los grupos relegados a la minoría pueden, por fin, disponer de un escenario en el que hagan partícipes al resto de individuos en el mundo de lo que ellos conocen como la realidad.

La Literatura ha sido, en incontables ocasiones, un sinónimo directo de la contracultura. Y la realidad es que, entre más tiempo dedicamos al estudio de este fenómeno, más y más parece que este es un proceso natural.

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