La literatura y las penas

Por: Alex Haro Díaz

Al escribir esta entrada corro un par de riesgos. Por un lado, que la columna se vuelva cada vez más personal, mala costumbre que establecí desde hace unas semanas al hablar de mis traumas psicológicos. Por otro, tal vez me alejo de mi propio lema de valorar al arte por sí sola y no por los beneficios “extra” que nos puede otorgar. Sin embargo, creo que el riesgo vale la pena: nunca está de más recordare este valor agregado.

Como nos enseñó el filósofo francés Jean-Luc Nancy: la literatura y el arte tienen la facultad de tocar (conmover) a quien se cruce en su camino. Esto ocurre ya que, como he dicho en incontables ocasiones, las artes están hechas del mismo material que los humanos. Nos hermana nuestro origen, nuestra materia, y por eso nos han hablado desde el día en que, juntos, comenzamos nuestra existencia en este mundo.

Que una expresión artística, llámesele libro, pintura, canción o pieza, pueda “tocarnos” se debe a que, muchas veces, pareciera que está hecha para nosotros en específico. Piénsalo así, querido lector, cuántas ocasiones no has escuchado una canción y has creído que, de algún modo, el autor te estaba espiando pues te describía. Sí, a mí también me ha pasado un montón, sobre todo cuando se trata de canciones “dolorosas”.

Antes de que te espantes: no, los artistas no leen mente. O si tu ego es tan grande que sigues pensando que todo gira a tu alrededor: no, tampoco se basan en tu vida. Los escritores, pintores y músicos (los buenos) “simplemente” tienen la capacidad de retratar las emociones humanas porque entienden a la perfección lo que significan todas ellas. “Soy un hombre, nada humano me es ajeno”.

Las obras de arte que nos tocan se vuelven, en experiencia de un servidor, en una especie de espejo/bastón en el que nos podemos contemplar, con el deseo de algún día entendernos, mientras nos apoyamos de él para continuar la vida. Un poema, el monólogo de un personaje, la descripción de una escena, entre otras cosas, toca tan profundo en nuestra alma que, muchas veces, es justo lo que necesita el herido para sanar.

Decía Sabines que la Luna es la perfecta medicina para los condenados a la muerte y los condenados a la vida. Pues, el arte es el amuleto perfecto para todo lo que existe en medio. Al final, no sé si la Literatura, efectivamente, cure el mal de amores. Pero, al menos, lo acompaña. Y, como dicen en mi pueblo, “las penas con pan son menos”.

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