Todo lo que está bien de Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez

Por: Alex Haro Díaz

Existe una maravillosa frase que usualmente se asocia con el gran autor checo, Franz Kafka: “un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”. Como usted, querido lector, podrá intuir a través del más simple de los procesos lógicos, para lograr ese cometido dicho libro debe tener una fuerza y carácter especiales. En la columna siguiente, hablaré brevemente de uno de los textos más poderosos que he tenido el gusto de disfrutar: Nuestra parte de noche, de la escritora argentina Mariana Enríquez.

Juan y Gaspar son una pareja de padre e hijo que viajan a través de Argentina. Pronto descubrimos que Juan es un hombre especial, con habilidades únicas, utilizado como herramienta por una secta que busca encontrar la respuesta a la vida eterna a través del diálogo con dioses siniestros. Este oráculo se dirige a su “lugar de trabajo”, la antigua casona de sus suegros, líderes del culto. En dicha aventura, deberá encontrar la forma de proteger a su hijo, su heredero en el poder, para evitar que caiga en el mismo terrible destino que a él le depara. Esta breve sinopsis, que no lo hace justicia a la hermosa trama llena de giros, sirva para animarlo a usted, querido lector, a darle una probada a este libro. En caso contrario, sirva esta humilde columna para el mismo propósito.

En pocas palabras, aprovechando la brevedad de este formato, Nuestra parte de noche es una carta de amor para la Literatura de terror. Tiene todo lo que el género demanda: villanos memorables que son capaces de las peores crueldades imaginables por cualquier ser humano, poniendo en duda el concepto del bien y el mal que tenga el lector; escenarios terroríficos que provocarán “ñáñaras” entre todos quienes se atrevan a recorrerlos; monstruos ominosos que bailan en una delgada línea entre lo humano y lo sobrenatural.

Sin embargo, y como si fuera poco para el lector, este libro de Enríquez también es una oda a la belleza de la Literatura. De nuevo, porque hace todo lo que una majestuosa obra de arte literario debe realizar: construye personajes profundos de los cuales te enamoras muy pronto; existen momentos de tensión que te tienen al borde de la página, de esos que te hacen desaparecer del mundo real para entrar de lleno a “Librolandia”; tiene unos cuantos “giros de tuerca” en la trama que sorprende y recompensan al lector; y, para terminar, tiene una extensión tan pero tan cuidada de su universo que no hay solo detalle que se escape o esté fuera de lugar. Nuestra parte de noche es un libro tan armonioso como terrible y poderoso.

Mariana Enríquez, en lo que sin lugar a dudas es su mejor novela, da una absoluta cátedra de cómo, por qué y para qué hay que escribir. Esta obra, por lo tanto, y a juicio de un servidor, debería ser el modelo a seguir de no solo los escritores de terror, sino de todos los artistas del mundo. Y que Dios, el universo, la fuerza, los astros o Yoda me perdonen por mi apasionamiento, pero esto es, tan solo, lo que la obra logró en mí. Y, al final, ese es el objetivo al leer, ¿no? Enamorarnos… así de simple. Nuestra parte de noche lo logra.

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