La realidad supera a la ficción

Por: Alex Haro Díaz

En la columna del día de hoy, fiel a la temática, trataré de ser breve y contundente, fugaz pero potente, como el sismo que vivimos el día de hoy, lunes 19 de septiembre de 2022. En el mundo de las artes existe el famoso dicho de: “la realidad supera a la ficción”. Y, al igual que numerosas frases antiguas que hemos podido confirmar una y otra vez, esta expresión no se queda atrás.

Recapitulemos rápidamente: un fuerte sismo de 8.1 de magnitud sacudió a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985; treinta y dos años después, en conmemoración a aquel fatídico día, se realizó un simulacro y, para sorpresa de muchos, volvió a temblar unas cuantas horas más tarde; y por último, a cinco años del terrible sismo de 7.1 del 2017, este día volvimos a sufrir un temblor de alrededor de 7.7 grados de magnitud.

En la Literatura tenemos decenas de ejemplos de personas a las que los persiguen la desgracia de una forma tan inverosímil que coquetea con lo fantástico. Horacio Quiroga fue un escritor uruguayo que estuvo conectado con la muerte y las tragedias desde el día en que nació. Pero, quizá el caso más famoso sea el de Cándido, protagonista de la novela francesa El optimismo. Este personaje de Voltaire padece todas las desgracias imaginables: muertes, robos, persecuciones, incendios, guerra e, irónicamente, un terremoto.

Ahora bien, al enfrentarnos a textos de esa índole, la salida que tenemos los lectores para no sentirnos tan mal por la desgracia del personaje es pensar: “bueno, tampoco pasa nada, al fin y al cabo, es ficción”, lo cual es verdad. Sin embargo, ¿qué pretexto o excusa es válida cuando tratamos de entender que, en un plazo menor a 50 años haya temblado, en el mismo país, en el mismo día, tres veces? De acuerdo con un texto publicado por El Universal, citando a un físico de la UNAM, la probabilidad de que esto ocurriera era de 0.000751%, ¡0.000751%! El número es verdaderamente escandaloso.

Para ser sinceros, si algún escritor utilizara ese recurso en una novela, si tratara de convencer a sus lectores de que esto puede ocurrir, la mayoría de nosotros desecharíamos la obra y la acusaríamos, con justa razón, de no ser verosímil. Una situación así nos causaría el mismo malestar que sentimos al ver las películas exageradas de Hollywood que, a veces, son más ridículas y grotescas que emocionantes.

Bueno, pues esta situación no solo sucedió, sino que ocurrió en una época en la que podemos registrar los sucesos para evitarnos posibles dudas de su existencia en el futuro. Por lo que, la pregunta que cabe hacernos en este momento es: ¿qué podemos aprender de esta situación?

Creo que la respuesta es sencilla: la realidad siempre va a superar a la ficción porque ella es su fuente original. La ficción se alimenta de la realidad y, por lo visto, el universo, como ente que escribe la realidad, tiene una imaginación mucho más poderosa y creativa que cualquier mortal, por sádico que este sea… Eso, o que ya, de plano, deberíamos nombrar en México al 19 de septiembre como día conmemorativo para que nadie salga de casa. Cualquiera de las dos respuestas me parece válida.

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