Los recursos narrativos más allá de la literatura

Por: Alex Haro Díaz

Desde su nacimiento como especie, la humanidad ha tenido siempre una necesidad enorme por contar historias, como yo mismo he dicho en infinidad de veces a lo largo de esta columna. Pareciera que es a través de esta ansia por relatar que las personas nos construimos, como si la palabra fuera la creadora del hombre, y no al revés. Por medio de estas historias creamos una identidad, pero no solo eso, sino que también la preservamos, la fortalecemos y la transmitimos.

Por esta razón, una de las invenciones más importantes en la historia humana es y será siempre la creación de la escritura, mecanismo por el cual podemos perpetuar nuestra consciencia histórica y literaria. Ni qué decir de la imprenta, que llevó esta creación a otra dimensión e inauguró, de una u otra forma, una nueva era en nuestra especie.

En la actualidad, esta capacidad humana de contar historias es tan importante que, incluso, ha excedido los límites imaginados al inicio por su fuente de origen: la literatura. Hoy en día existen una enorme cantidad de formatos nuevos e interesantes a través de los cuales se puede dar cuenta de una gran historia, algunas que ni siquiera se parecen al formato original del libro escrito.

Ejemplo perfecto de esto es, como los lectores más jóvenes pueden confirmar, los videojuegos. Ojo, que por jóvenes me refiero a cualquiera menor a cuarenta años que haya tenido la suerte de vivir durante el boom de las consolas de videojuegos caseras. 

No se necesita, ni mucho menos, ser un gamer profesional para haber experimentado en al menos un par de ocasiones ejemplos idóneos de grandes historias presentadas en este formato. Pienso en juegos como The Legend of Zelda o Red Dead Redemption para este caso en específico. Pero, y que quede claro, no he tocado ni siquiera la punta del iceberg.

Videojuegos como estos no son simplemente un entretenimiento casual para los jugadores, sino que pueden llegar a convertirse en experiencias absolutamente trascendentales en la vida de una persona. Y mucha de la culpa de esto es de la capacidad narrativa de los escritores de las historias que se cuentan a partir de estos juegos. 

Me parece importante aclarar, también, que esto no es “nuevo” en los videojuegos. Desde muchos años atrás, cuando las “gráficas” de estos juegos no eran ni la parte más minúscula de la sombra de lo que se puede hacer con la tecnología actual, los jugadores han sido cautivados por historias maravillosas en estas plataformas.

Estos juegos, estas historias, son la muestra perfecta de que la literatura y las artes no desaparecen con la tecnología, sino que, simplemente, encuentran nuevas formas de acercarse a la gente. Como decía Jean-Luc Nancy: la obra de arte siempre “toca” al espectador. El formato en que lo haga es, “simplemente”, el vehículo por el cual llega a su destino.

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