¿Por qué me gusta el teatro?

Por: Diana Hernández

Y ¿por qué te gusta…? es una pregunta casi obligada para cualquier profesionista, en varias conversaciones casuales podremos escuchar esta pregunta, dependiendo que tan “rara” sea la profesión de la persona en cuestión, esta pregunta se puede convertir en todo un tema de conversación.

Existen muchas profesiones en las que, debido a sus características peculiares, a una gran cantidad de personas les causa asombro, admiración o curiosidad que alguien decida por propia voluntad dedicarse a estas. Usualmente porque tienen que ver con temas turbios, peligrosos, o simplemente porque su desarrollo en sí es aún poco explorado o porque sus temas de aplicación son tabús.

¿Por qué te gusta ser policía? ¿Por qué te gusta ser médico forense? ¿Por qué te gusta la física cuántica?  ¿Por qué te gusta la urología?

En el caso de nuestra rama: las Humanidades y las Artes, la curiosidad no suele ir encaminada tanto al porqué del gusto, pues al ser profesiones tan sensibles y humanas, uno deduce con mayor facilidad los orígenes de la atracción de una persona hacia ellas.

Pero, como ya lo hemos dicho en algunas columnas anteriormente, la pregunta obligada será entonces ¿por qué lo decidiste como tu profesión y no como tu hobby? Al vivir en las condiciones actuales de los países latinoamericanos, existe esa sensación colectiva de que dedicarse a las artes no es suficiente para mantenerse económicamente estable. Cuestión que probablemente sea cierta, pero eso es tema de otra columna.

Diana, porque hablar de todo esto para responder una pregunta tan sencilla como lo es ¿por qué te gusta el teatro?

Verán, en este mes de enero mi colega la licenciada Crystal Valenzuela lanzó por medio de sus redes sociales un desafío anual llamado “Reto para los amantes del teatro”, al cuál por cierto están totalmente invitados a participar; en este reto se nos convocó a varios artistas escénicos para cumplir con ciertas premisas mensuales y compartir las evidencias por medio de las redes sociales.

La premisa número 1: compartir las razones del porqué te gusta el teatro.

Una pregunta sumamente común que a pesar de su simpleza generó en mí un conflicto que decidí, era prudente tocar en esta columna.

Al inicio me parecía de lo más obvia mi respuesta, claro, me encanta estar en el escenario; compartir con mis compañeros en la escena, así como brindar un discurso lleno de emociones y contenidos al espectador que comparte tiempo y vida con los actores. Analizar letras, palabras e ideas que los dramaturgos desde épocas muy antiguas plasmaron, textos en los que puedes encontrar intereses, sueños, preguntas, conflictos, realidades de distintas eras que se unen a la nuestra en un acto de representación. El dar vida a aquello que solo existe en un universo onírico y traerlo a un tiempo en el que ficción y realidad conviven de manera activa, con el simple objetivo de ser compartidas.

Después de analizar un poco me percaté que aquella era una respuesta bastante linda, aunque hasta cierto punto bastante superficial, de manera que comencé a indagar en mí, para buscar todas aquellas causas y motivos que me encaminaron al encuentro con el teatro, que fueron desde las más banales hasta las más complejas.

Muchas personas sugieren que los actores somos seres sumamente narcisistas pues una de las razones de subirnos al escenario es “para que nos vean más personas” y en cierto sentido sí tiene razón, pues la sensación de estar en un escenario frente al público, al menos en lo personal, es totalmente mágica y esa sensación se potencializa si la sala ante ti está llena.

Pero al continuar analizando también me di cuenta de que me encanta la sensación de vulnerabilidad: pues los actores deberíamos ser personas sumamente vulnerables, para ser capaces de percibir todos los estímulos que se nos brindan tanto en el universo real como en el universo ficticio, responder a esos estímulos de manera auténtica para permitirnos -y a los personajes- vivir plenamente. Cuando comienzas a vivir plenamente, te vuelves adicto a ello.

Además del reto que implica la objetividad con la que debemos recibir y comunicar estos estímulos, pues las cosas deben mostrarse como lo que son, de manera que aquél que los reciba pueda identificarse con su realidad, hablar de la vida intentando dejar de lado aquellos prejuicios sociales innecesarios con los que crecimos y cargamos.

Mientras evaluaba esta situación caí en cuenta que la vulnerabilidad  y la objetividad no son suficientes si no existe un gran sentido de creatividad y apertura, pues el teatro no es un noticiero donde se viene a ver la realidad tal cuál pasa allá afuera, es un espacio para hablar de la realidad, sí, pero la forma en que se hable de ella repercutirá directamente en cómo el mensaje será recibido por el público, en algunas puestas en escena el mensaje es tajante y debe ser recibido de manera directa, en otras el mensaje quizá viene oculto o disfrazado para que aquél que lo perciba deba hacer un esfuerzo en descifrarlo, a veces el mensaje te cae al final de la obra o después de una charla con tus acompañantes, a veces días o meses después y a veces llega justo cuando lo necesitas. Claro, también puede pasar que el mensaje nunca llegue, ya sea por algún desperfecto en la forma de enviarlo o porque directamente carece de él.

Quizá en tanto escribir y hablar de las ideas que rondan mi cabeza ante esta pregunta, esté cayendo yo misma en el terrible problema de que mi mensaje no esté llegando, pero lo que quiero decir, en resumidas cuentas es que el teatro me encanta por ser sumamente complejo, por estar vivo, por  ser un ente que se mueve y nunca se queda quieto, hoy más que nunca, las sabias palabras del dramaturgo Arthur Miller rondan mi cabeza y creo que, compartiendo con ustedes las siguientes dos frases de este  teatrero norteamericano, cerraré esta enrevesada columna llena de caos e ideas arrojadas desde mi cabeza hasta las teclas de mi computadora. 

“El teatro es tan infinitamente fascinante porque es muy accidentado. Tanto como la vida.”

Arthur Miller

“El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”

Arthur Miller

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